Por Roberto Elenes
Hacia 1871,
Manuel Márquez de León se convierte en jefe militar y
gobernador provisional de Sinaloa, también lo había sido de Durango. Ese año,
Porfirio Díaz, asociado al partido lerdista que apoyaba la candidatura de
Sebastián Lerdo de Tejada, por su común oposición a la reelección, se unen y
pierden las elecciones presidenciales frente a un Juárez reeleccionista; Díaz
con un grupo de partidarios (entre los que se encontraban Luis Emeterio Torres
y Francisco Cañedo, futuros caciques militares de Sonora y Sinaloa),
pretextando fraude electoral, lanza su “Plan de La Noria” y arman en el Norte una
revuelta que es sofocada por las huestes adheridas a Juárez. En dicha guerra,
lerdistas como el coronel José María Rangel participan en la refriega pero en
contra de Porfirio Díaz y sus aliados.
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Manuel Márquez de León |
El “Plan de La Noria”, es un documento muy interesante porque devela ya
la profunda escisión existente entre los grupos liberales, aparentemente
divididos en torno a la idea de la no-reelección, en la inteligencia de que en
el texto de la Constitución de 1857 no estaba prohibida la reelección. En
realidad eran facciones antagónicas compuestas de militaristas a favor de
Porfirio Díaz contra civilistas doctrinarios del juarismo, como el propio Lerdo
de Tejada.
Sobre este trance de su vida política, Juárez un día escribiese:
«El
militarismo levanta su odiosa banderola ante la bandera de la legalidad (…)
sacrificar el orden y las leyes libremente adoptadas a los planes más o menos
ilusorios de un hombre [esto en alusión a su discípulo Porfirio Díaz], por más ameritado que se le
suponga, sería unirnos a una anarquía sin fin».
El general Manuel Márquez de León, porfirista hasta que Porfirio Díaz
deja de ser antirreleccionista, era un demócrata. No obstante de que el
encumbrado general Donato Guerra, en 1871, le había impuesto como gobernador
interino de la entidad sinaloense, ese año compite por la gubernatura de
Sinaloa contra el abogado Eustaquio Buelna y pierde en las urnas. Entre 1871 y
1872, en esa entidad hubo 13 gobernadores entre constitucionales e interinos.
Con la muerte de Juárez en 1872, Díaz y su círculo principal de amigos
son amnistiados. Sebastián Lerdo de Tejada por ser el presidente de la Suprema
Corte de la administración juarista —puesto que equivalía al de
vicepresidente—, es convertido en primer mandatario de la Nación. Ese año, el
coronel José María Rangel, es comisionado por el gobierno central a Guaymas,
Sonora, con el fin de preservar en sus puestos al administrador de la Aduana
Marítima y a los empleados federales que el gobernador liberal Ignacio
Pesqueira había separado de sus cargos. Dos años después, como si Sonora se
cociese aparte, el guanajuatense José María por inexplicables razones era declarado
ciudadano sonorense. Ciudadano sonorense de una Sonora que con Luis Emetrio Torres
estaba a punto convertirse en un enclave porfirista.
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Sebastián Lerdo de Tejada |
«El
Estado no puede permitir que se lleve a efecto ningún contrato, pacto o
convenio que tenga por objeto el menoscabo, la pérdida o el irrevocable
sacrificio de la libertad del hombre, ya por causa de trabajo, de educación o
de voto religioso (…) La Ley tampoco puede admitir convenio en que el hombre
pacte su proscripción o destierro».
¡Oh!, paradoja, un país eminentemente católico daba la espalda al
tradicional sistema monárquico europeo, sustentado en presuntos designios
divinos previamente dictados al Papa, cabeza del actual Estado Vaticano,
apuntalando la Reforma juarista, a cambio, las bases para la construcción de un
Estado moderno salvaguarda ya de las garantías individuales y de los derechos
sociales de la ciudadanía. Derechos básicos dentro de las sociedades
democráticas actuales.
Para 1875, Luis Emeterio Torres desde Sinaloa emprendía la embestida final para
desplazar a Ignacio Pesqueira que hacía 19 años (1856) gobernaba Sonora muy ad
hoc con el presidencialismo autoritario, civilista y reeleccionista, creado por
Juárez durante la etapa de dominio liberal en el Siglo XIX. Luis Emeterio Torres, el
hombre fuerte de Sonora en la época del porfiriato, durante 36 años controlaría
el noroeste del país hasta ese mayo 27 de 1911, en que al lado del guaymense
Alberto Cubillas y del general Lorenzo Torres partieron de Sonora a Los
Ángeles, California, en calidad de exiliados.
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Francisco Cañedo |
Para esto, el 5 de mayo de 1878, siendo presidente
Porfirio Díaz, se había reformado la Constitución prohibiendo la reelección
inmediata de presidente y gobernadores de la República; nueve años después,
cuando Díaz se consolida en el poder, volvió a modificarse el artículo 78
constitucional en el que se daba luz verde a la reelección.
A finales de 1880, a punto de terminar la primera gestión presidencial
de Porfirio Díaz, dentro de un clima político enrarecido empezó a propagarse el
rumor de que el general pensaba reelegirse. Un año atrás habían asesinado en
Mazatlán al anti-cañedista José Cayetano Valadez, director del periódico “La
Tarántula” y para el 24 de junio de ese año de 1879, en Tlacotalpan, Veracruz,
hubo un pronunciamiento de la tripulación del Cañonero Tampico a la que se unió
la guarnición de Alvarado. Como escarmiento el gobernador Luis Mier y Terán sin
formación de causa alguna fusiló a nueve soldados indígenas como presuntos
participantes del levantamiento. Esta medida draconiana no gustó mucho dentro
de un sector del Ejército.
En la víspera de lo que parecía la irremediable reelección del general
Díaz, el prefecto de la ciudad de Culiacán, general Raúl Ramírez Terrón, a
finales de octubre de 1879, se levantaba en armas desde Mazatlán contra
Porfirio Díaz. Una semana después, Manuel Márquez de León, ex titular del
Departamento de Marina en el Pacífico, como cabeza del grupo de alzados en
Sinaloa, desde La Paz se manifestaba a favor de Ramírez Terrón, lanzado su
“Plan del Triunfo” el día 22 de noviembre del año en curso.
Ante los hechos, Francisco Cañedo, gobernador de Sinaloa, huyó,
despavorido, hacia México. Mientras que el coronel Andrés L. Tapia, jefe
político-militar de la Península de Baja California, con un grupo de
comerciantes paceños hacían lo suyo yendo a refugiarse a Sinaloa en donde les informaron
que también Cañedo había escapado. Sus almas no encontraron sosiego hasta no
llegar a Hermosillo y ponerse bajo la tutela de Luis Emeterio Torres.
El 22 de noviembre de 1879, Manuel Márquez de León, que gozaba de
popularidad en Sinaloa y en el territorio peninsular, dirigía su proclama de
insurrección a los habitantes de la Baja California, encarando públicamente al
general Porfirio Díaz, al pronunciar lo siguiente:
PROCLAMA DE INSURRECCIÓN DIRIGIDA
AL PUEBLO DE BAJA CALIFORNIA,
POR EL GENERAL MANUEL MÁRQUEZ DE LEÓN,
EL 22 DE NOVIEMBRE DE 1879.
«Conciudadanos:
La corrupción y la mezquindad de sentimientos van poco a poco extinguiendo en
la República el fuego santo del patriotismo y el amor a la libertad. Los abusos
del poder han intimidado a las almas débiles, y, comprados con los tesoros públicos
esos avaros miserables que solo piensan en su interés privado, ha venido entre
nosotros a dominar la fuerza bruta a la razón y a la verdad. Tanta bajeza nos
sumirá en la deshonra y en la ruina, si por medio de un esfuerzo supremo no
reivindicamos nosotros nuestra dignidad mancillada».
«Los desmanes
cometidos por las autoridades del Territorio, y ese falseamiento escandaloso
del voto público que se ha presenciado en las elecciones pasadas, solo son un
débil reflejo de lo que está pasando en el resto del país; son los actos reprobados de una administración ignorante y de mala fe, que arrastran
por el fango el decoro nacional.»
«Os consta que la
Isla de Guadalupe está hace mucho tiempo en poder de aventureros, y que una partida
de chinos está ocupando toda la costa comprendida entre la línea divisoria y
San Bartolomé, sin que se haya dictado ni se piense dictar ninguna medida para
conservar ilesa la integridad del Territorio y salvar el honor de
México».
«Si la nación
tolera tanta infamia como está pesando sobre ella, no merecerá el título de
potencia independiente, y no puede haber en corazones leales la idea de una
vida de humillación».
«Todos nuestros
valientes hermanos solo esperan que se levante el lábaro sagrado que los hará [sic] de guiar por el sendero del
honor, para agruparse en torno de él, y nos toca a nosotros la gloria de
enarbolarlo».
«Entonemos, pues,
con voz firme, el grito de libertad, rectitud de conciencia y reforma general
en marcha de los negocios públicos, y pasemos el Golfo para llevar hasta la
capital de la República la moralidad y el desprendimiento».
«Vea el mundo que
hay todavía en la República Mexicana ciudadanos honrados que se sacrifican sin
otro interés que el bien general».
«Nací
entre vosotros, sois testigos de que he sacrificado una inmensa fortuna [23 años casi
interrumpidos en el campo de batalla] para servir a mi Patria y tengo derecho a vuestra confianza. Juro, y no
mentiré como ha mentido el hombre de Tuxtepec, que la Baja California recordará
siempre con satisfacción que nació en su seno su amigo y hermano, Manuel
Márquez de León».
Manuel Márquez de León, un mexicano fuera de serie, que a los 57 años
se contaba entre los triunfadores de la asonada de Tuxtepec que derrocó al
gobierno del ahora reeleccionista Lerdo de Tejada, lo que a esa edad le hacía
merecedor de una decorosa jubilación, desechaba tan prudente idea al lanzarse a
la revolución desde el paraje más recóndito y aislado del país: la Baja
California. Error táctico causante de su confinamiento militar y de su
posterior derrota en la Península; aunque su plan era cruzar el golfo de
California y unirse a Ramírez Terrón y desde Sinaloa dar la pelea al régimen de
Díaz, entidad donde se encontraba el grueso de sus seguidores y el acceso a más
armas y hombres.
Para febrero 4 de 1880, en que procedente de Sonora llegaba a La Paz el
general José María Rangel a cargo del 8/º Batallón, Márquez de León se había
marchado hacia Estados Unidos en búsqueda de armamento, designado al coronel
Clodomiro Cota como jefe político del Territorio, en sustitución del
escabullido Andrés L. Tapia.
Todo indica que el general sud bajacaliforniano y
los 117 hombres que le acompañaron en aquella penosa travesía, habían tomado
una ruta paralela a las costas del golfo, cruzando sus aguas e internándose en
el Continente a la altura del Distrito de Altar, en Sonora, porque para el 5 de
mayo en Atil, harían morder el polvo a una unidad de caballería del gobierno
del general Luis Emeterio Torres. Diez días después, en las inmediaciones de Magdalena
chocaban contra otro contingente militar y tras vencerlo tomaron sin mayor
resistencia ese pueblo. En Rayón, se enfrentaron con las fuerzas comandadas por
el coronel Ciriaco Vázquez, haciéndole vivir la peor de las desdichas, la
derrota militar. De ahí Márquez y sus hombres tomaron dirección norte y el 15
de junio de 1880, cruzaron la frontera de México por Arizona rumbo al Partido
Norte.
En julio de ese año, el general Raúl Ramírez Terrón, aliado de Márquez,
libraba en Villa Unión, Sinaloa, encarnizada batalla contra el general
neoleonés Bernardo Reyes y sus fuerzas, derrotando a uno de los procónsules del
porfiriato. Para septiembre, Ramírez Terrón era asesinado en el pueblo de El
Salto, camino a Durango.
Rangel, al no encontrar a Márquez de León en La
Paz, afanoso,
emprendió la persecución por barco. Al llegar al Partido Norte, constataría que
el sud bajacaliforniano no había depuesto aún al subprefecto político, pero al
administrador de la aduana sí, habiendo nombrado a Jesús Legaspy como cuarto
administrador. La lucha contra los marquecistas en la levantisca Frontera
todavía se prologaría hasta el año siguiente.
La insurrección marquecista de 1879, en la región del Noroeste, apoyada
por Ramírez Terrón desde Sinaloa, frustró los planes de Porfirio Díaz para
reelegirse en la Presidencia, optando mejor por lanzar a su compadre Manuel
González como candidato a la primera magistratura, cargo que ocupó de 1880 a
1884.
En calidad de jefe político-militar del territorio peninsular, en el
verano de 1881, el general Rangel regresaba al Partido Norte a combatir nuevos
brotes de violencia política. Durante ese lapso, Marcelino Torrescano,
administrador de la Aduana Marítima, se dirige a Real del Castillo para
solicitarle al doctor Zeferino Castañeda, subjefe político, que comisionase un
destacamento para apoyar las múltiples operaciones portuarias de la Aduana y
que enviara, además, un grupo adicional de soldados a combatir el desmesurado
contrabando que ingresaba por las zonas de El Sauzal y Punta Banda. A raíz de
los altísimos aranceles a las importaciones de víveres, herramientas y
refacciones, hacía cinco años (1876) que el comercio masivo chino, con sede en
San Francisco, California, por primera vez había hecho acto de presencia en el
Partido Norte, vendiendo de contrabando mercancía más barata que en San Diego.
Ante las razonables peticiones de Torrescano y la imposibilidad de
dividir al destacamento militar bajo las circunstancias prevalecientes,
advierten al general Rangel la necesidad de una presencia militar permanente en
la región, solicitándole la fundación de una colonia militar y el incremento de
la comunicación entre las autoridades del Territorio y las del Partido Norte.
El jefe político del Territorio se compromete a enviar periódicamente un buque
de vapor a la zona, subvencionado por el gobierno central.
Durante esa ocasión, Torrescano y Castañeda, le replantean a Rangel la
petición realizada al presidente Manuel González en la primavera de 1881, con
la que habían conseguido la regulación del funcionamiento de la Aduana Marítima
de Ensenada, pero no la reapertura de la oficina aduanal de Tijuana, ni tampoco
la expedición de un decreto para hacer de la región una zona libre de aranceles
a las importaciones. Fue también en esa reunión cuando tocaron un punto de
trascendental importancia política para el puerto: el cambio de la cabecera del
Partido Norte de Real del Castillo hacia Ensenada.
El general José María Rangel retornó a La Paz a gestionar ante la
Presidencia dichas peticiones, obteniendo un no rotundo para instaurar una zona
libre en el Partido Norte; en cambio, a finales del año de 1881, Jesús Fuentes
y Muñiz, titular del Ministerio de Hacienda, autorizaba la reapertura de la
aduana en Tijuana.
No fue sino hasta el 22 de marzo de 1882, cuando el general Rangel hizo
la solicitud ante Carlos Díez Gutiérrez, titular de la Secretaría de Estado y
Despacho de Gobernación para el cambio de cabecera política del Partido Norte.
Veintiún días después, a partir del 15 de mayo, Gobernación le autorizaba al
general Rangel el cambio solicitado. Jorge Ryerson, presidente municipal en
funciones, testimoniaría aquel trascendental evento relacionado con el traspaso
de la capital del Partido Norte de Real del Castillo hacia Ensenada.
Luego de estar instalada la Aduana Marítima en
Ensenada, en 1882 empezaron las disputas entre las autoridades del municipio y
las hacendarias a raíz de que el supremo gobierno oficializó una aportación del
1.5% al pago de importaciones, en vez del 15% obtenido antes de la instalación
de la aduana federal. Los conflictos entre Antonio Jáuregui, recién nombrado
subjefe político, y Joaquín Del Villar, nuevo administrador de la Aduana, no se
hicieron esperar, al grado de tomar su disputa un sesgo personal, suscitando
que Del Villar acusara a Jáuregui ante Porfirio de Díaz de flagrante
intromisión en los asuntos hacendarios del gobierno federal.
La fecha en que oficialmente se fundó Ensenada, 15 de mayo de 1882,
también delimitó el surgimiento de agencias aduanales de carácter binacional,
compuestas de connacionales asociados con extranjeros. Dentro de Baja
California, el comercio y las agencias aduanales dieron pie a la aparición de
una incipiente industria y a la presencia de los primeros grupos económicos
importantes vinculados al capital extranjero.
Ese año de
1882, en San Bernardino, Alta California, ocurría un evento muy significativo:
el doctor Oliver M. Wozencraft, quien en 1849 había visionado el enorme
potencial del Desierto del Colorado, era presentado con George Chaffey que
diecinueve años después llevaría las aguas del Colorado hasta el Valle
Imperial, cruzando suelo mexicano.
Torres y Rangel: la mano siniestra del
Porfiriato
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Luis Emeterio Torres y José María Rangel |
El 1° de enero de 1888, entró en vigor un decreto presidencial expedido quince días atrás, en que el Territorio de la Baja California era dividido en los Distritos Norte y Sur, encomendando a Luis Emeterio Torres el gobierno de la parte septentrional con asiento en Ensenada, y a José María Rangel la porción austral con sede en el puerto de La Paz. En vías de reelegirse por tercera ocasión Porfirio Díaz había consolidado su dictadura, siguiendo ya un programa de gobierno netamente conservador.
Con Luis Emeterio Torres en el Distrito Norte (1888-1894) y con José María
Rangel en el Distrito Sur (1881-1889), como jefes políticos y de las armas,
téngalo por seguro que la Península de Baja California quedó bajo control de
dos de los hombres más virulentos del porfiriato, especialmente contra el mundo
indígena, pues son los responsables históricos de las dos grandes masacres de
nativos perpetradas durante el porfiriato: la realizada por Rangel, en 1891, en
contra de los rarámuris del pueblo de Tomochic, en Chihuahua, y la
organizada por Luis Emeterio Torres, siendo gobernador de Sonora por tercera ocasión
(1899-1903) al desatar una sarracina sobre un pueblo yaqui insumiso, deportando
hacia el otro extremo de México (al estado de Yucatán), a los que
quedaron vivos para contarlo.
Otra joyita del porfiriato lo fue el jefe político Miguel V. Gómez,
responsable de dirigir la matanza de textileros durante la huelga obrera de Río
Blanco, Veracruz, en 1906.
Baja California: feudo sonorense
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Ensenada en tiempos de Luis Emeterio Torres |
Desde el 20 de enero de 1888, fecha en que Luis Emeterio Torres pisó tierras bajacalifornianas por primera vez, hasta el 22 de agosto de 1911, día en que el presidente Francisco I. Madero obligaba al coronel Celso Vega a renunciar como jefe político, el Distrito Norte estuvo 23 años bajo control absoluto de la Sonora porfirista.
En abril 2 de 1888, Torres dio un paso importantísimo en pro de la
difusión de las ideas al hacer traer e instalar en Ensenada la primera imprenta
con la que contó el distrito. Ese mismo día, Luis Emeterio Torres formalizaba la
fundación de Tecate al convertirlo en sección política dependiente de Ensenada;
aunque hacía 27 años (14 de marzo de 1861) en que el presidente Juárez
había expedido el decreto presidencial que reservaba a Tecate el título
de colonia agrícola.
Cuatro días después de que Torres incorporó a Tecate a la organización
municipal, el 6 de abril de 1888, Tijuana obtuvo rango similar al de la
población tecatense. Respecto a Tijuana, oficialmente se reconoce su fundación
el 11 de julio de 1889, en base a un documento que establece esa fecha como
arranque de su desarrollo urbano.
Después de 10 años de haberle otorgado a Guillermo Andrade concesión
como colonizador, el 7 de agosto de 1888, el régimen porfirista le extendía
títulos de propiedad que lo acreditaban como amo y señor de las tierras del
Valle de Mexicali y de San Luis, Sonora. Evento significativo que al gobierno
del general Torres le tocase testimoniar en lares bajacalifornianos. En lo que
atañe a la reorganización política del distrito, Torres creó la Junta de
Instrucción Pública, marcando un hito con su estilo sui generis de gobernar.
Para empezar acotó las facultades al gobierno municipal, quedando más al
arbitrio de su figura institucional que de la norma constitucional. Aduanas
siguió costeando el aparato militar y también el judicial, administrado la
recaudación municipal. Las designaciones de los jueces de paz y la de los
auxiliares a cargo de las secciones municipales ahora las hacía él y el Cabildo
las ratificaba: el cuerpo edilicio se convirtió en un organismo ratificador de
los designios del poderosísimo jefe político-militar.
El aparato burocrático que conformaba la Jefatura Político-Militar era
muy pequeño, de cinco personas: un jefe político, un escribiente encargado de
la sección de estadística, un oficial archivero, un escribiente intérprete y un
secretario de vigilancia de cárceles, amén de la guarnición militar que
dependía del general Luis Emeterio Torres. En cuanto a personal, en la aduana sucedía
algo parecido: el administrador, el oficial 1° y/o jefe de la sección de
recaudación que a la vez controlaba la recaudación municipal a través del
contador auxiliar dependiente suyo, el escribiente, el vista y el cuerpo
de resguardo fiscal.
En 1890 murió Manuel Márquez de León, a partir de ahí Luis Emeterio Torres en
reiteradas ocasiones estaría fuera del Distrito Norte, imbuido en interminables
comisiones oficiales. Los cuatro años restantes de su gobierno, el distrito
estuvo gobernado por diversos asistentes de este general: Bonifacio Topete, José
María Ross, Ignacio Lodoza, Rafael García Martínez, incluyendo su secretario
particular Francisco Muñoz.
El 5 de junio de 1890, el presidente Porfirio Díaz, en correspondencia
a la propuesta de Luis Emeterio Torres, firmaba el decreto que fijaría los límites entre
los Distritos Norte y Sur de la Baja California, tomando como punto de
referencia el Paralelo 28.
Con Torres también llegó el Juzgado del Distrito Norte, dependiente del
Tribunal Superior de Justicia, con sede en La Paz, cuyos jueces eran designados
por órdenes directas de Porfirio Díaz.
Encuentro de Charles R. Rockwood con el
Colorado
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Charles R. Rockwood y Charles N. Perry |
Para otoño de 1892, Charles Robinson Rockwood era nombrado jefe de ingenieros de la Arizona & Sonora Land & Irrigation Company. Su primera tarea fue buscar cómo irrigar casi 1 millón de acres (407 700 hectáreas), situados al noroeste del Desierto de Sonora. El 16 de septiembre de ese año, Rockwood llegaba a Yuma, Arizona, en compañía de su inseparable asistente Charles N. Perry para explorar esa zona por tres semanas.
En el recorrido Rockwood se enteró de que las inundaciones de un año
atrás (1891) y el terremoto de febrero 24 de 1892 (7.8 grados en la escala de
Richter), habían formado en el Valle mexicano un nuevo río (Álamo) y provocado
un viraje del cauce del Río Nuevo, en dirección a Estados Unidos hasta
desembocar en la Cuenca Salton, en California.
Rockwood conoció al viejo Hall Hanlon, dueño del
rancho que la Compañía de Terrenos e Irrigación había adquirido para realizar
las primeras obras de excavación a 16 kilómetros de Yuma.
Aquel predio se extendía desde un punto denominado Pilot Knob hasta el poblado
de Andrade. Rockwood después de muchas discusiones con Hanlon, el viejo le hizo
entender que los esfuerzos de su empresa debían mejor encaminarse a abastecer
de agua al desértico pero enorme Valle californiano, utilizando las
desviaciones de los ríos en suelo mexicano. A partir de ahí su trabajo se
desarrolló en el lado mexicano y estuvo concentrado en recabar información para
trazar una ruta de canalización de aguas hacia aquel otro sitio.
El año de 1899, los gobiernos de China y México, firmaron en Washington
el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, acuerdo que una década después, a
falta de mano de obra suficiente, dio pie a que la Southern Pacific Co. y las
compañías constructoras norteamericanas contrataran a chinos para que
trabajaran en nuestro territorio en la construcción de canales de lo que sería
el sistema de irrigación del Río Colorado, y también en el trazado de vías del
ferrocarril Inter-California que, a principios del siglo XX, fue construido en
el Valle Imperial Mexicano.
roberelenes@gmail.com
SEP—INDAUTOR
Título original:
Aduanas bajacalifornianas
Registro público:
03-2003-110615022600
2 comentarios:
UN GRAN ARTICULO LOS FELICITO A TODOS LOS HISTORIADORES, QUE SE TOMAN EL TIEMPO Y LA DEDICACION DE INFORMARNOS DE A HISTORIA SOBREN LA FORMACION DE NUESTRA QUERIDA BJA. CALIFORNIA QUE NOS VIO NACER, MI ADMIRACION Y RESPETO
¡¡¡Gracias!!! Excelente trabajo.
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