Roberto Elenes
![]() |
Mexicali en 1911, año de la asonada magonista |
«Flores
Magón, mejor pensador; Madero, mejor hombre». Así es como el
historiador Lowell L. Blaisdell sintetiza el íntimo ser de estos dos hombres
extraordinarios. Para junio de 1910, Madero había logrado la conformación de
100 clubes antirreleccionistas y había visitado 22 estados del país. Por esos
días era apresado en Monterrey y remitido al penal de San Luis Potosí; estando
en prisión, gente como el ilustre Ramón López Velarde le ayudan a redactar el
“Plan de San Luis” −”Sufragio Efectivo, y la No Reelección”, su lema−, en cuyas
páginas se plantea ya el desconocimiento de los poderes federales y la eventual
asunción de Francisco I. Madero al poder, a guisa de presidente provisional;
dentro de las cláusulas de aquel documento, además, se exige para los pueblos y
comunidades despojadas la restitución de tierras y la libertad de presos
políticos. En octubre de ese año, escapa de prisión y se refugia en la ciudad
de San Antonio, Texas, comprendiendo Francisco Ignacio que para destronar a
Díaz no existía otra vía que no fuese la revuelta armada. Según cálculos de
Madero, la revolución debía estallar el 20 de noviembre de 1910. Las fuerzas
del destino dictaminarían otra cosa. Dos días antes de esa fecha, Aquiles
Serdán −jefe del maderismo−, su familia y un puñado de obreros, fueron
asesinados en Puebla tras ser su casa asaltada por las fuerzas policíacas del
gobierno.
A mediados
de 1910, Ricardo Flores Magón, Antonio I. Villarreal y Librado Rivera, colegas
de la Junta Liberal, apenas iban saliendo de la cárcel en Estados Unidos. En
diciembre de ese año, la Junta (afianzados ya sus nexos con la organización
anarco-sindicalista Obreros Industriales del Mundo: la I.W.W.), preconiza a
través del impreso insurgente “Regeneración” los barruntos de tormenta política
que se avecinaban sobre México. El 20 de diciembre de 1910, Ricardo Flores
Magón, nombra a Camilo Jiménez como delegado especial del Partido Liberal en Mexicali.
El lema del
Partido Liberal Mexicano (P.L.M.), fundado en 1906, era “Tierra y Libertad”,
había sido tomado de los Norodnikis rusos, campesinos insurrectos en
la Rusia zarista de 1860; lema que se haría emblemático con Emiliano Zapata y
el zapatismo, reclamando con esa frase la plenitud del espacio, la libertad de
movimiento y la posesión de tierra para sembrar.
Las causas
que motivaron que la Junta Liberal emprendiera su lucha armada en el Distrito
Norte contra la dictadura de Díaz, fueron varias: se trataba del punto más
alejado de la capital del país y el más cercano a Los Ángeles, sede de la Junta
encargada de organizar la asonada magonista; al respecto, Mexicali —situado en
la línea fronteriza— era el sitio ideal para iniciar el ataque porque su
población, inconforme por sufrir tantos atropellos y penalidades de manos de
extranjeros dueños de tierras, era un caldo de cultivo para una revuelta que
fácil podía reproducirse pues los
sin tierra se encontraban
dispersos, trabajando como jornaleros sobre una amplia superficie geográfica.
Sobre los sin tierra, en un México de
15 millones 160 mil 369 habitantes, según el III Censo General de Población de
1910, Gastón García Cantú, en su libro “Las Invasiones Norteamericanas en México”,
dice:
«De las 28 entidades federativas, solo en la
Baja California el porcentaje de los habitantes sin tierras propias era
inferior al 90%... Los jornales que se pagaban en 1891 —en
ningún caso mayor a 70 centavos— eran los mismos que en 1906 salvo en 15
estados».
La primera
desventaja del magonismo dentro del Distrito Norte era que los del Partido
Liberal Mexicano (PLM) no tenían una masa de adeptos en la región, como sí
existían en estados norteños como Sonora, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas, y
con mayor razón del lado norteamericano. Vale decir que dentro del Distrito
Norte de la Baja California no había un antecedente significativo de la
vigencia del magonismo. A pesar de que, en 1905, en la localidad de Mexicali,
el jefe político Celso Vega había tenido que sofocar con energía algunos brotes
de rebeldía por parte de los lugareños tras los desaguisados producidos por la
venta fraudulenta de terrenos y por el malestar producido por el impacto
económico causado por las inundaciones de ese año.
Para
emprender su campaña, el P.L.M. contaba con 1000 dólares, obtenidos
principalmente de los suscriptores de “Regeneración” con una circulación
aproximada de 27 mil ejemplares, cuyos abonos eran $1.10 el semestre y 2
dólares la inscripción anual; contando, además, con el apoyo financiero de
obreros pertenecientes a la I.W.W. y de la intelectualidad simpatizante del
socialismo, radicada en los condados de Los Ángeles y San Francisco.
La quema de las aduanas del Distrito Norte
Iniciado
enero de 1911, Pedro Caule, José Cardoza, Fernando Palomárez, Camilo Jiménez y
Mariano A. Becerra, del bando magonista, exploran los alrededores de Mexicali
encontrando que el pueblo estaba mal guarnecido, al tiempo que rendían un
informe a la Junta dando pormenores de los caminos, atajos montañosos,
ubicación de ranchos y puntos de abastecimiento de agua existentes en la zona.
El día 23 de ese mes, Mariano A. Becerra es sorprendido por la guardia dependiente
del subprefecto Gustavo Terrazas, trayendo consigo varias copias de
“Regeneración”, y, tras ser acusado de subversivo, fue remitido a la cárcel del
pueblo. Ignorando un posible ataque del PLM (Partido Liberal Mexicano), Celso
Vega, confiado en una paz porfiriana ya inexistente, no movería un dedo para
ordenar el envío de refuerzos para resguardar los pasos fronterizos y proteger
las aduanas, principal fuente de ingresos para el sostenimiento del aparato
gubernamental. Su preocupación real era la posible efervescencia del maderismo
dentro de la elite gobernante de Ensenada, y no el magonismo proveniente de las
presuntas fantasías políticas de Ricardo Flores Mágón.
Los hermanos
Ricardo y Enrique Flores Magón, Librado Rivera y Anselmo Figueroa, principales
integrantes de una Junta Liberal ya sin Antonio I. Villarreal que había roto
con sus colegas para unirse al maderismo, deciden finalmente apoyarse en José
María Leyva y en Simón Berthold Chacón, confiándoles —no sin dudas— el
desarrollo de la operación militar que se llevaría a cabo en Mexicali. El
primero, era un yesero de oficio que había participado en la huelga de Cananea
en 1906; el segundo, un muchacho —hijo de alemanes—, nacido en México, que
siendo aún muy pequeño fue abandonado por sus padres, en Sonora, adoptándole
una mujer de ese lugar como hijo suyo.
Es decir,
Berthold era un mexicano que trabajaba en Estados Unidos desde 1905, que al
poco tiempo de estar allá se había unido a las luchas laborales contra el
sistema de explotación impuesto por Harrison Gray Otis dentro de sus múltiples
empresas en Los Ángeles; además de idealista, era un chofer de autotransportes
de carga que con su adhesión al magonismo regresaba a su país a derrocar a una
dictadura para imponer una utopía universalista, de tinte anarco-socialista,
como buen miembro de la I.W.W. que era.
De tal modo
que ni Leyva, ni Berthold, eran militares. Su única ventaja radicaba en que
hablaban un español fluido y sin acento, y por eso fueron designados para poner
en práctica en el rincón más apartado de México un ataque insurgente y un credo
incomprensible para la generalidad de bajacalifornianos e inadmisible para el
maderismo, cuyos líderes, en su mayoría, eran políticos moderados que
propugnaban por un retorno a los principios básicos de la Constitución de 1857,
procurando por la vía armada la caída de un dictador para establecer un
gobierno democrático, respetuoso del sufragio efectivo y de la no reelección,
capaz de impartir cierta justicia social a sus conciudadanos.
En 1911, el
maderismo buscaba algo más apegado a la realidad social de México que el
Partido Liberal Mexicano (PLM) de los Flores Magón. Esta fue otra de las
desventajas del magonismo en Baja California, el tratar de imponer su fe
universalista entre una gente que no tenía la más mínima noción de qué era el
socialismo o qué diablos era lo que perseguían los anarquistas en Mexicali y
Tijuana, con una fuerza multirracial —tratando de hacer una revolución—
venida de Estados Unidos, venida de donde el filibusterismo rapaz desde el
Siglo XIX había estado organizando sus acometidas a la Península con el fin de
apoderarse del territorio.
Con este
antecedente, teniendo el porfiriato a embaucadores profesionales como Celso
Vega en el Distrito Norte, y a Arturo M. Elías, en el consulado de México en
Los Ángeles, no dilataron mucho en incubar en las mentes de los moradores de
aquel abandonado distrito territorial y de los ciudadanos mexicanos residentes
de California que el magonismo y el tradicional filibusterismo del que tanto
había sido víctima el pueblo bajacaliforniano, eran una misma cosa.
No en balde
Porfirio Díaz, el 1 de abril de 1911, al rendir el último informe de gobierno
de su vida en el Congreso de la Unión, llegado el momento de tocar la situación
de los alzados en armas en el norte del país, acusa al maderismo y al magonismo
de estar infestados de filibusteros. Al pronunciarse en su discurso sobre el
tema Chihuahua, dice lo siguiente:
«En relación con tan importantes
acontecimientos, el Ejecutivo observó que los rebeldes [maderistas] reclutaban filibusteros y se
organizaban en Territorio de los Estados Unidos de América, por lo cual llamó
la atención del Gobierno de aquel país de tales actos. El Gobierno americano,
de acuerdo con las leyes de neutralidad, dictó desde luego las medidas que
juzgó adecuadas y que el Gobierno de México reconoce y estima».
Tocante al
asunto bajacaliforniano, Porfirio Díaz expresa:
«En la Baja California se ha
efectuado un movimiento de otro carácter, causado por bandas de comunistas en
las que figuran muchos filibusteros americanos, con el fantástico proyecto de
formar una República socialista. Tan nefasto propósito no podrá menos que
provocar la más grande indignación en el país, y estoy seguro de que en caso
necesario, el pueblo mexicano, siempre patriota y celoso de su autonomía, acudirá
a la defensa del territorio nacional».
Más allá de
la teoría política, la revolución magonista buscaba imponer un programa social
que reivindicara las aspiraciones que ardían en lo más recóndito de los
corazones campesinos y obreros explotados, deshechas en todo caso y
circunstancia desde tiempos de la monarquía española. La influencia del PLM
para estas personas maltratadas, discriminadas, fue la piedra de toque que
reavivaría en el Siglo XX las luchas agraristas, socavadas en el transcurso del
XIX, inspirando el surgimiento de movimientos radicales y de partidos “rojos”,
obrero-campesinos, que paulatinamente emergieron durante el proceso
revolucionario iniciado en 1910.
Asalto a Mexicali
![]() |
José María Leyva |
Llegados
José María Leyva y Simón Berthold a Holtville, California, instalaron un centro
de operaciones militares a tiro de piedra del Valle Imperial Mexicano,
permaneciendo varios días ultimando arreglos con el canadiense, de sangre
india, Stanley Williams, con Antonio Fuentes y Camilo Jiménez, cuya misión en
Mexicali había consistido en registrar desde diciembre pasado los movimientos
del subprefecto Gustavo Terrazas y de Cosme A. Muñoz, administrador de la
aduana, al mando de la gendarmería y del resguardo aduanal en el pueblo.
El 27 de
enero de 1911, Leyva y Berthold en compañía de otros dos camaradas, se internan
a tierras mexicalenses por la Laguna Salada, donde esperaban Camilo Jiménez con
un contingente de 12 hombres, compuesto de mestizos y cucapás, procediendo a
desenterrar los 60 rifles Springfield y 9000 piezas de parque que previamente
Jiménez y sus acompañantes habían ocultado en ese paraje. Enseguida tomaron
hacia el este y dos días después, al amanecer del domingo 29, cruzaron el Río
Nuevo y se dirigieron hacia la “Casa Amarilla” que servía como sede de gobierno
de la subprefectura y como hábitat del subprefecto Gustavo Terrazas,
sorprendiéndole durmiendo a pierna suelta con todo y familia. Terrazas,
con el alma en vilo, fue amarrado a un palo afuera de su casa, quedando bajo
custodia rebelde.
![]() |
Garita fiscal, quemada por los magonistas en 1911 |
Otro grupo
de magonistas, en un santiamén, fueron en pos de Cosme A. Muñoz, administrador
de la aduana, agarrándole como al subprefecto, durmiendo la mona. En vez de
atarlo a un poste, a Cosme lo llevaron a arrastras camino a la garita fiscal en
la línea fronteriza; al llegar, sin más dificultad desarmaron a los tres
celadores que estaban de guardia, prendiendo fuego a la obra cumbre de Cuco
Contreras: la garita que con sus manos un día construyó.
Acto
continúo, fueron a las oficinas de la aduana en la calle Melgar y requisaron
los 200 dólares que había en caja. Un tercer grupo de rebeldes había partido de
la “Casa Amarilla” rumbo a la cárcel, llegando ahí le exigieron al alcaide José
Villanueva que entregara las llaves porque iban a liberar a los presos.
![]() |
Cárcel de Mexicali (1911) |
El alcaide
se negó a obedecer la orden. Y, sin más, de un tiro le dejaron tendido en la
calle. Becerra y los demás prisioneros fueron liberado, ocho de ellos se
unieron a la causa magonista. El jefe de la policía y diez rurales, luego luego
fueron apresados; siete se rindieron sin forcejeos, les quitaron los pantalones
y los dejaron en libertad para cruzar la línea en calzoncillos; a los tres
restantes y al jefe policial los remitieron a la cárcel junto con el
administrador y los celadores de la aduana, exceptuando al celador Vicente
Sepúlveda que opuso resistencia y lo acribillaron a balazos. La prensa
californiana causaría conmoción con esta noticia alrededor del mundo.
Sabedor de
que con dinero baila el perro,
Cosme A. Muñoz ofreció a los magonistas 500 dólares de recompensa por su
liberación. La oferta fue aceptada a manera de impuesto de guerra, y, sin decir
ahí nos vemos, corrió a refugiarse a Calexico, abandonando a sus subalternos.
Paso seguido, los celadores lo emularon y salieron de la cárcel pagando 385
dólares para ir tras los pasos de su superior. El jefe de la policía rural y
sus tres subalternos, atorados en chirona, fueron liberados poco después con la
advertencia de que no querían volver a verlos en las andadas, tratando de
ejercer sus antiguas mañas.
De parte de
Leyva y Berthold, eso de liberar a los capturados que, investidos de autoridad,
no interpusiesen resistencia armada, obedecía a dar cauce a uno de los puntos
del “Código de Instrucciones Generales” previamente impuesto por la Junta
Liberal, en cuyas cláusulas se contemplaba, entre otras cosas, la protección de
extranjeros neutrales al conflicto, garantía a la seguridad de no combatientes
y con el fin de que la revuelta resultara autofinanciable, admitían la requisa
de bienes al gobierno y la aplicación del impuesto de guerra a funcionarios
gubernamentales y a pudientes que manifestaran oposición a tal intervención
militar.
Ese fue el
caso del comerciante Barreiro, que al vociferar —al fin español— sobre lo que
acaecía en el pueblo, por bocón le aplicaron 200 dólares de multa. Walter
Bowker, gerente de la California-Mexico Land and Cattle Co y los capataces
gringos de ese súper rancho ganadero, filial de la Colorado River Land Co., no
esperaron que les aplicaran la regla de protección a extranjeros neutrales,
pelando gallo para Calexico. No pasó mucho tiempo para que la aplicación del
mentado “Código de Instrucciones Generales” se convirtiera en letra muerta,
especialmente en Tijuana donde el movimiento liberal pronto se corrompió,
iniciando la etapa de latrocinios perpetrados principalmente por los mirones
sandieguinos que mientras observaban los combates también
robaban.
Si Cosme A.
Muñoz, el administrador de la aduana, por motu proprio había ofrecido a los
liberales la suma de 500 dólares para alcanzar su liberación; ésa sería la
cifra que los magonistas le exigiesen a Gustavo Terrazas por conseguir la suya.
Si bien para Muñoz el desembolso de esa cantidad (incluyendo a los celadores)
había sido nada con tal de evadir a la parca; en el caso de Terrazas, el
subprefecto, no era lo mismo: Quinientos dólares era mucho dinero en aquel
tiempo. Significaban poco más de 15 meses de pago de renta de la residencia
donde se encontraba la subprefectura, pues Jesús Guluarte le cobraba al
gobierno distrital 33 pesos oro por la renta de la “Casa Amarilla”; pesos cuya
equivalencia era similar a la del dólar desde 1900.
Viendo muy
complicada la situación de Terrazas, el picapleitos de Rodolfo. L. Gallego,
hasta ese momento un simple parroquiano que había sido uno de los del pueblo
que habían abrazado ya la causa liberal, se ofreció como rehén para que Gustavo
obtuviera permiso de ir a Calexico a tratar de conseguir ese dinero y así
salvar su humillada humanidad.
![]() |
Rodolfo L. Gallego |
Y de Gallego
se refrenda su propensión al pleito, porque a partir de esa aventura halla su
vocación castrense y no para de imbuirse en el deleznable asunto de andar
jugando a las guerritas, hasta no enrolarse en las fuerzas constitucionalistas
y llegar a ser después uno de los principales generales de la guerra de los
cristeros en la década de los veinte, siendo aprehendido y fusilado por el general
yaqui José Amarillas en mayo de 1927, en el pueblo de San Miguel de Allende,
Guanajuato. La fama ganada por Gallego durante aquella guerra estúpida por
partida doble, influiría en cierta forma para que el general Abelardo L.
Rodríguez, en 1926, siendo gobernador, arrasara parejo con pastores cristianos
y curas católicos, expulsándoles del Distrito Norte.
La
derrota de Celso Vega en Mexicali
El 15 de
febrero de 1911, Celso Vega bajaba de Picachos (de La Rumorosa) con la mira de
retomar la plaza de Mexicali bajo poder de los magonistas al mando de dos
mexicanos: José María Leyva y Simón Berthold. El coronel Vega venía en camilla,
pues se encontraba enfermo y, por lo visto, subiría al caballo solo para que,
en la primera escaramuza, los contrarios le dieran de tiros, mandándolo de
vuelta a Ensenada en la misma camilla en la que llegó de La Rumorosa. Esa vez,
el coronel Vega tuvo que cargar con una derrota doble, dado que, el gobierno
porfirista confiado en que el jefe político recuperaría la plaza de Mexicali
con facilidad, pudo conseguir que Washington hiciera una excepción al tratado
de neutralidad, permitiendo a las autoridades del distrito el reabastecimiento
de armas a través de Yuma, Arizona. Las mismas que fueron incautadas por los
magonistas. Esto explica el ataque de Stanley Williams al puesto de Los
Algodones una semana después de la derrota de Celso Vega en Mexicali.
A su paso
por Santa Catalina, el día 19 de febrero, punto de cruce para llegar a El Álamo
y luego a Ensenada, Celso Vega —esperando el inminente ataque de Berthold al
puerto— manda a traer a Alberto Rodríguez, alias el “Cachora”, un lugareño con
fama de excelente tirador, dándole la afiliación de Berthold así como
instrucciones para que lo venadease al momento de que pasara por el lugar.
En febrero
21, Stanley Williams, al mando de 30 hombres, a eso de las siete de la noche
toman por asalto la sección aduanal de Los Algodones, y se topan con Cecilio
Garza, comandante de resguardo fiscal, de setenta años, que al oponer
resistencia armada fue ultimado a balazos, los otros 5 celadores restante que
le acompañaban se rindieron de inmediato para luego ser desarmados. Tomás
Beléndez —jefe de esa sección— y sus 3 empleados de oficina, se encontraban
adentro cenando. Más tarde fueron liberados y la oficina aduanal sería quemada.
Beléndez, herido, y sus empleados emprendieron las de Villadiego hacia el otro
lado, asilándose en Yuma, Arizona. Olalla, el riquillo del pueblo, ni sus
luces. Beléndez llegaría a ser uno de los hombres de mayor confianza de Esteban
Cantú.
El 8 de marzo de 1911, el coronel Miguel Mayol desembarca en
Ensenada viniendo a cargo del 8/º batallón, con la orden irrevocable de impedir
un ataque de los rebeldes a las obras de canalización del Río Colorado hechas
por los gringos y así evitar una posible intervención de los estadounidenses,
dejando al garete a Ensenada y al jefe político convaleciente en espera de un
ataque inminente.
El día 21 de
marzo, el “Cachora” avista a Berthold y su gente, luego dispara y le planta un
balazo dejándole en graves condiciones. Con un Berthold malherido, los
magonistas llegan al poblado minero de El Álamo, en el Valle de Santa Clara,
poniéndose a unos 64 kilómetros de Ensenada y de Celso Vega.
Finalmente Berthold moriría en ese pueblo a consecuencias de aquella celada orquestada
por el jefe político. Muerto el líder del grupo, los magonistas desisten tomar
por asalto a un pueblo de Ensenada desguarnecido, dando marcha atrás hacia
Mexicali. Al poco, el “Cachora” fue aprehendido y fusilado en Tijuana por los rebeldes.
A pesar de que el coronel Mayol fue pieza clave para la restauración del orden dentro del Distrito Norte, entre sus hazañas no se contaría el haber podido arrebatar a los magonistas la plaza de Mexicali. Un mes después de su llegada a Ensenada, el 8 de abril de 1911, en las inmediaciones del Rancho de Leroy Little, en Mexicali, Miguel Mayol, al mando de su tropa, lucha contra las fuerzas comandadas por Stanley Williams; batalla de la que el nativo canadiense saldría muy mal parado, muriendo media hora después en el poblado de Calexico. Aun así, Mayol no pudo recuperar la plaza, retirándose de la zona.
La Quema de Tijuana
Eran las 11
de la mañana del 8 de mayo de 1911, yendo a caballo, de dos en dos, en fila
india, por el rumbo del “Rancho Agua Caliente”, como a 5 kilómetros de Tijuana,
cuando los tijuanenses divisaron al galés Caryl Ap Rhys Pryce y sus hombres que
se dirigían hacia el pueblo donde las autoridades y los pobladores estaban
perfectamente prevenidos de una presunta invasión de filibusteros, oponiendo
los tijuanenses una firme resistencia a sus atacantes. Caso contrario había
sido el de los pobladores de Mexicali y Los Algodones, agarrados por sorpresa.
El hecho de
que Tijuana, un poblado de 733 habitantes, no haya sido tomado desprevenido, permitió que los
jefes de instituciones como la subprefectura, la aduana, las administraciones de
Correos y la del Timbre Fiscal de Tijuana, haciendo acopio de valores
monetarios, procedieran a resguardarlos en Estados Unidos. Se tiene constancia
irrefutable que José María Larroque, subprefecto; Francisco A. Cuevas,
administrador de Correos; y de que Pastor Ramos, administrador del Timbre
Fiscal después de haber ido a depositar los bienes de las dependencias a bancos
norteamericanos, regresaron a Tijuana a enfrentar el problema con funestas
consecuencias para Larroque y Ramos; el administrador de la aduana se presume
que ya no regresó permaneciendo en el condado de San Diego. Algo similar habían
hecho la mayor parte de mujeres y niños, llevando de pegotes a Juan Iriarte
—comandante de la gendarmería— y a buena parte de los comerciantes.
![]() |
Subprefecto José María Larroque (1911) |
En espera
del acecho de Caryl Ap Rhys Pryce y Sam Wood, con más de doscientos soldados de
fortuna (veteranos de las guerras española-norteamericana y de la de los boers sudafricanos), estaban en Tijuana 53
hombres, según la indagación histórica de R. Velasco Ceballos, y entre 100 a
110, conforme la percepción del historiador Blaisdell, y estos eran el
subprefecto Larroque —un civil formado en Hacienda—, el subteniente Miguel
Guerrero, con 25 soldados de la compañía fija, Miguel Mendoza, subcomandante de
la gendarmería, que estando en San Diego, en calidad de suspendido por la
corporación policíaca, había regresado a Tijuana pidiendo permiso a Larroque
para hacerse cargo del destacamento de rurales abandonados por el jefe Iriarte;
también se encontraban ahí los celadores Estudillo, Enrique Gessenius y Lerdo
González, quien hacía solo tres meses, en Mexicali, había dado a los magonistas
la nada despreciable suma de 385 dólares por su liberación, sacándose la espina
participando en las recientes refriegas de Tecate —su tierra natal— y El
Carrizo contra los magonistas, lo que le había hecho recuperar el honor y hasta
ganar fama de bravo entre tecatenses y tijuanenses.
Los demás,
al igual que Larroque, eran civiles sin preparación en el uso de las armas:
estaban Pastor Ramos, de la Administración del Timbre y, además, uno de los
primeros agentes aduanales de Tijuana; Francisco A. Cuevas, Alfonso Padilla,
Gustavo Gómez Montaño (secretario de la subprefectura), Jesús González, Luis
Álvarez Gayou, Juan N. Chávez, el “Chapo” Márquez y otros tijuanenses, como los
Preciado, que prefirieron quedarse ahí en su rancho de Cerro Colorado, argumentando
que al cabo ellos no tenían nada que perder. Tras la solicitud de auxilio
lanzado en Los Ángeles por el cónsul Elías para venir a defender a México de
los presuntos filibusteros, los enlistados en California fueron Andrés Burrola
y un señor apodado “El Torero”, Andrés Navarro, José Cerda, los hermanos
Carrillo (Guadalupe y Santos) así como el “Güero” Talamantes.
![]() |
Subteniente Miguel Guerrero |
Durante las
primeras escaramuzas en la tarde de ese 8 de mayo, entre los tijuanenses se dio
la primera baja, perdiendo la vida el gendarme Juan Osuna, que formaba parte
del puesto defensivo instalado en la plaza de toros. En la noche, el
subteniente Guerrero, al mando de un puñado de soldados, contraatacó, asestando
un durísimo golpe al campamento multirracial ubicado a las afueras de Tijuana,
donde perdieron la vida Sam Wood y su lugarteniente Roberts.
El 9 de mayo
la lucha empezó desde el alba. A eso de las 10 de la mañana, tras haber estado
los tijuanenses luchando a hombro partido durante cuatro horas, Rhys Pryce tomó
Tijuana, incendiando la plaza de toros, la iglesia, la casa del celador
Estudillo, la de Victoriano González, la de la señora Acevedo y la de don
Avelino Salazar.
![]() |
Aduana Principal de Tijuana, mandada a construir por Villagrana |
La aduana
que un día fundase Villagrana, conocida con el mote de la aduana vieja,
habiendo servido de fortificación durante aquella cruenta refriega, fue
parcialmente incendiada; por lo demás, en ese sitio murieron, luchando, José
María Larroque, Pastor Ramos y Clemente Angulo, en realidad tres civiles de
edad avanzada para andar en esos trotes: sesenta y tantos años los dos primeros
y más de setenta el último. El subteniente Miguel Guerrero, estando malherido
en el puesto de la Aduana nueva, por su coraje y nobleza durante aquellas horas
aciagas, había demostrado en cada una de sus acciones ser un hombre de dotes
extraordinarios: un héroe.
![]() |
Instalaciones de la llamada Aduana nueva |
Tres meses atrás, iniciado febrero de 1911, Madero, procedente de Texas, había ingresado
a suelo mexicano con 130 hombres armados. A inicios de mayo aquella gesta
revolucionaria habíase esparcido como pólvora, abarcando 18 entidades. Para el
25 de ese mes, Porfirio Díaz renunciaba a la Presidencia de México, siendo
sustituido de manera interina por Francisco León de la Barra, ex embajador de
México en Washington y en ese momento Secretario de Relaciones. El 7 de junio
del año en curso, Madero entraba a la Ciudad de México, avasallado por los
vítores de la multitud.
La
diferencia entre el triunfo de la revolución maderista y el fracaso de la
organizada por los Flores Magón, fue que Francisco Ignacio Madero, al contrario
de Ricardo Flores Magón, acaudilló la revuelta desde principio. Ricardo Flores
Magón, no. Parapetado en su calidad de teórico revolucionario, trató de dirigir
su rebelión a distancia, desde Los Ángeles. Otro factor que influyó en la derrota,
aparente, del movimiento liberal en el Distrito Norte sin duda fue la
propaganda que los tachaba de filibusteros y con más razón viniendo adheridos
al movimiento un enjambre multirracial de personas de diversos credos políticos
no identificados propiamente con las causas del movimiento liberal. Pero,
además, el magonismo representaba una posición muy radical de cara a los
intereses político y económicos norteamericanos en México. Ese no era el caso
del maderismo.
A los
mexicanos que comandaron la toma y el control de la plaza de Mexicali, el
ejército porfirista no pudo derrotarlos y menos expulsarlos, a los soldados
extranjeros que se apoderaron de Tijuana, sí, porque ni chanza tuvieron de
defenderse de la embestida militar, comandada por el coronel Celso Vega,
seguido del teniente coronel Juan N. Vázquez, del subteniente Alfonso Velasco,
de los capitanes primeros Justino Mendieta del 8/º batallón, y Juan Lojero originalmente de
la compañía fija.
Negociaciones maderistas en Mexicali y Tijuana
![]() |
Cónsul Enrique de la Sierra |
Por esas
mismas fechas en que Madero llegaba, victorioso, a la capital del país, en
Mexicali, una comisión maderista integrada por Enrique de la Sierra y Antonio
Lozano –cónsules de Calexico y Los Ángeles–, por el capitán Carlos E. Beristáin
y Alberto V. Aldrete —representando los intereses de la Southern Pacific
Railroad en la zona— y por los ex magonistas José María Leyva, Jesús González
Monroy y Rodolfo L. Gallego —ahora con la casaca maderista—, empezaron a
negociar con los liberales Francisco R. Quijaza y sus 60 hombres armados con
objeto de que se rindieran y se retiraran del lugar. Tanto de una parte como de
la otra, todos eran mexicanos.
A once días
de que Madero había ingresado triunfal a la Ciudad de México, el 16 de junio de
1911, Ricardo Flores Magón y los miembros de la Junta Liberal eran aprehendidos
en Los Ángeles por el gobierno norteamericano, al momento en que Caryl Ap Rhys
Pryce y Antonio de Pío Araujo —agente de la Junta— se esfumaban de Tijuana,
casi seguidos del comediante Dick Ferris, cuya labor de zapa consistió en
terminar de pervertir el movimiento magonista en el Distrito Norte, haciendo
aparecer aquellos cruentos acontecimientos como obra de una parodia
hollywoodense de muy mal gusto. Sobre Ferris, ha pesado la sospecha de que en
realidad era un agente de Chandler y de Gray Otis, dueños de los terrenos del
Valle Imperial Mexicano.
![]() |
Francisco R. Quijaza, a caballo |
Al día
siguiente, en Mexicali, la comisión maderista pactó la retirada de Francisco R.
Quijaza y su gente, logrando la rendición y partida de los rebeldes no sin
antes recibir la consabida compensación monetaria. El próximo paso era negociar
la salida de los rebeldes en Tijuana.
Iniciadas las negociaciones en Tijuana para la capitulación de los 200 y
pico de rebeldes al mando de John R. Mosby; el 22 de junio, el coronel Celso
Vega, con 577 hombres armados sorpresivamente ataca la plaza con la intención
de reventar una salida negociada al conflicto. Incluso, luego de resultar
vencedor se da el lujo de no permitir el ingreso de la Cruz Roja norteamericana
para socorrer a los múltiples heridos. Al día siguiente, Celso Vega recibe un
telegrama urgente de los altos mandos en México, y en vez de recibir
felicitaciones le anuncian la llegada de su futuro sucesor: el general Manuel
Gordillo Escudero.
El coronel
Vega realizó su gracia al mes de que su principal protector, Luis Emeterio Torres, había
abandonado Sonora, y de que Porfirio Díaz había hecho lo propio, satisfaciendo
su deseo de venganza contra el magonismo y el maderismo, al boicotear los
acuerdos de pacificación con un asalto armado muy cruento. De ahí que el
maderismo y la prensa mexicana no hayan dudado un segundo de culpar a Celso
Vega de traición a la Patria. Ante ese hecho, el periódico “La Gaceta”, de Guadalajara,
publicaba en su encabezado principal: “La Traición de un Coronel”. Los
titulares de los diarios de México, exhibiendo su ignorancia en cuanto a la
categoría política de aquel remoto distrito territorial, por esas fechas
afirmaban: “El Gobernador Vega: Acusado de Traición”.
Influencia del magonismo en el Distrito Norte
El influjo
pelemecista sobre Baja California, empezó a surtir efecto una década después
del fracaso de la asonada magonista, con el surgimiento de partidos rojos en la
región defendiendo posturas radicales vinculadas fuertemente al problema
agrario. Al contrario del resto del país, donde las luchas agrarias empezaron
después de la Independencia con el acrecentamiento del latifundismo criollo que
permanecería intacto desde la Colonia; en el Distrito Norte, segregada su
población por la geografía y la lejanía del centro de decisiones, el problema
agrario empezó a tomar cuerpo a partir del 15 diciembre de 1883, en que
el presidente Manuel González, promulgara la Ley sobre Deslinde de
Terrenos y Colonización de la Baja California;
situación que se agravaría aún más, en 1902, con la compra de las tierras que
conformaban el Valle Imperial Mexicano, por parte del grupo financiero
norteamericano Chandler-Gray Otis, cuyo emporio ganadero y agrícola formado al
cabo de corto tiempo, estimularía la migración de mano obra y capital de origen
extranjero, pasando a ser los residentes bajacalifornianos una minoría discriminada
en su propia Nación, sin un pedazo de tierra donde sembrar.
Iniciada la década de los veinte, esta situación
empezó hacer abierta
crisis dentro del Distrito Norte durante el gobierno de Inocente Lugo, con la
migración masiva de jornaleros mexicanos y por la presencia de villistas
refugiados en el distrito tras la derrota infringida por Obregón en 1915, en
conexión con Antonio I. Villarreal y la organización anarco-sindicalista C.G.T
(Confederación General de Trabajadores). En esa época, Villarreal era
secretario de Agricultura y Fomento del gobierno del presidente Álvaro Obregón.
Respecto al
filibusterismo, el magonismo no tenía en el Distrito Norte absolutamente nada
que anexionar ni enajenar en materia territorial, por la sencilla razón de que
todos los bienes territoriales ya habían sido pirateados desde hacía buen
tiempo. El porfiriato, so pretexto de defender la soberanía nacional de un
ataque filibustero, lo que en realidad estaba defendiendo eran los intereses
extranjeros apoderados del 90% del territorio de Baja California. Para el
magonismo, lo que había que hacer en México era una revolución, y desde el
Distrito Norte no dudaron en intentarlo aunque de manera fallida.
Por lo
demás, en 1911, los agricultores de Imperial conformaron su Distrito de
Irrigación, instalándose en la antigua oficina de la California Development
Co., levantada en 1901. Con Cantú como jefe de gobierno en 1915, compraron los
derechos de la infraestructura de irrigación edificada en el Valle mexicalense.
La administración Gordillo
A eso de las
siete de la mañana del lunes 26 de junio de 1911, a cuatro días de la
sarracina perpetrada en Tijuana por Celso Vega y acompañantes, llegó a Mexicali
procedente de Ciudad Juárez, el general brigadier Manuel Gordillo Escudero, al
mando de la llamada “Columna de Operaciones de la Baja California”. Arribó por
tren no a Los Algodones como estaba anunciado, sino a Calexico para luego
dirigirse a Mexicali. Bajo el manto protector del presidente interino de
México, Francisco León de la Barra, Gordillo había sido enviado al Distrito
Norte por el general Lauro Villar, comandante de la 2ª. Zona Militar de
Chihuahua, para reforzar las actividades de saneamiento político-militar en
contra de un magonismo ya inexistente.
La Columna
de Operaciones estaba compuesta de los batallones de infantería 6/º, 12/º, 17/º y el 2/º regimiento de caballería, más 1
escuadrón del 3/º regimiento. Había también 2 secciones de ametralladoras y 1
de montaña. A la llegada de Gordillo Escudero, el Distrito Norte contaba con el
8/º y 25/º batallones de infantería y con 1 compañía (batería) fija de artilleros,
distribuidos en las guarniciones del distrito territorial.
![]() |
Cantú y sus hombres instalados en la Plaza de Toros de Mexicali |
El ingreso de Gordillo Escudero a Mexicali, fue tranquilo, sin tener que disparar un solo tiro. Al llegar, encontró al
poblado bajo la vigilancia de Rodolfo L. Gallego y su gente, de inmediato lo
relevó del mando policial y nombró al preboste mayor Esteban Cantú, como máxima
autoridad policíaca dentro de aquella comunidad. El jefe policiaco-militar
Cantú con 100 hombres se instaló en la plaza de toros, situada en contra
esquina de donde años después construirían el “Cuartel Ignacio Zaragoza”, en
Lerdo y Altamirano. Dicha estructura era propiedad del español Antonio Rubio.
El coronel Fidencio González, jefe del estado mayor, partió hacia la plaza de
Tijuana con la tarea de resguardar la zona; el general Gordillo, por su parte,
con el resto del contingente marchó hacia Ensenada al encuentro del coronel
Celso Vega. En tanto Rodolfo L. Gallego, para el 8 de julio se convertía
en jefe político de la localidad, es decir en subprefecto de Mexicali.
![]() |
Ingreso del general Manuel Gordillo Escudero a la desguarnecida Ensenada |
Por presiones de Madero a León de la Barra, presidente interino, Celso
Vega fue obligado a renunciar el 22 de agosto como Jefe Político y de las Armas
del Distrito Norte de la Baja California para entregarle el poder al coronel
Miguel Mayol, quien por dos días fue jefe interino de gobierno en lo que el
general Manuel Gordillo Escobedo retornaba de Tijuana a Ensenada a tomar el
mando del distrito peninsular (agosto 24, 1911-Oct 8, 1912).
Lo primero que hizo Manuel Gordillo al llegar a la jefatura político y
militar fue promover ante Hacienda el despido de Cosme A. Muñoz, como
administrador de la Aduana Fronteriza de Mexicali, acusándole de sobornar a los
magonistas para conseguir su liberación, siendo nombrado el subcolector Páez
como eventual encargado de la misma. Gordillo, sin éxito trataría de diezmar el
poder adquirido por la burguesía porfirista que abiertamente había apoyado a
Celso Vega en la masacre de junio efectuada en Tijuana.
A principios
de 1912, Manuel Gordillo consiguió del gobierno maderista que Aduanas volviera
a encargarse del pago de empleados del gobierno distrital así como de la nómina
del Ejército. En mayo de ese año, destituyó a Rodolfo L. Gallego y en su
lugar nombró a Julio Ramírez, como subprefecto político de Mexicali; éste,
rápido sería cesado por abuso de funciones y malversación de fondos. A guisa de
encargado, esa vacante la ocuparía unos meses Ernesto Ferrer, secretario de la
subprefectura, para dar paso luego a Luis Álvarez Gayou, quien fue subprefecto
de enero a marzo de 1913. Álvarez Gayou, se contaba entre los sobrevivientes
del combate en defensa de Tijuana durante la ocupación multirracial.
Por esas
fechas, Carlos Robles Linares, regiomontano, que venía fungiendo como jefe del
Ministerio Público del Distrito Norte desde 1903, partió de Ensenada hacia México
para ocupar dentro del gobierno maderista el puesto de juez correccional de la
Penitenciaria de la capital de la República. Teóricamente, esto le habría hecho
testimoniar en Ciudad de México el asesinato de Francisco I. Madero, cuando fue
llevado con engaños de la Intendencia de Palacio Nacional a la Penitenciaría, y
asesinado en la noche del 22 de febrero de 1913 afuera de esta prisión. Robles
Linares trepó al aparato gubernamental de Huerta, y ese mismo año era nombrado
Juez de Distrito en Guaymas, Sonora.
También ese
año de 1912, el general Manuel Gordillo Escudero asumió una de las decisiones
políticas más acertadas y trascendentales de las que hubo tomado en vida, como
fue proponer al cabildo ensenadense el cambio de nombre del Valle Imperial
Mexicano por el de VALLE DE MEXICALI. Su propuesta, fue aprobada de inmediato.
Al paralelo, ese año se introdujo el cultivo del algodón en el Valle
mexicalense. Ocho años después, los chinos acaparaban en un 80% la producción
regional de esta planta.
![]() |
Carlos R. Ptanick Terrazas |
Aunque no nativo del distrito, el 8 de octubre de 1912, Francisco I. Madero, cumplió el viejo sueño de los ensenadenses de
tener un gobernante civil, nombrando al porfirista Carlos R. Ptanick Terrazas,
como jefe político (oct 8, 1912-febrero 7, 1913), al relevar de ese cargo al
general Manuel Gordillo Escudero por los conflictos generados con el alcalde
David Zárate a raíz de la intromisión del jefe político en los asuntos
relativos a los dineros del erario municipal. La Columna de Operaciones sale
del Distrito Norte con el coronel Fidencio González a la cabeza, porque Gordillo
Escudero huye hacia los Estados Unidos.
Con esta decisión, Francisco I. Madero dejaba
colgados de la brocha, gobernando la municipalidad de Ensenada, al grupo
político de David Zárate y Eulogio Romero que habían sido en realidad los
verdaderos propulsores de la idea de que el Distrito Norte fuese gobernado por
civiles, originarios del terruño, y no por gobernantes militares venidos de
fuera. Se trataba de los líderes del club Democrático Ensenadense, que sin ser
propiamente maderistas ni democráticos estaban más apegados a los
planteamientos civilistas de Madero, proclamando por un gobierno no militarista
para el país y por la autonomía política del municipio (el municipio libre)
ante las decisiones de un gobierno centralista y dictatorial. No obstante,
tanto David Zárate como Eulogio Romero eran unos reeleccionistas apegados a la
Constitución vigente, la de 1857. De ahí que no podían ser maderistas.
roberelenes@gmail.com
SEP—INDAUTOR
Título original:
Aduanas bajacalifornianas
Registro público:
03-2003-110615022600
No hay comentarios.:
Publicar un comentario