Por Roberto Elenes
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Celso Vega |
Celso Vega, un hombre joven, cuyo mayor mérito en la carrera de las armas era haber sido un
egresado del H. Colegio Militar de Chapultepec, proveniente de Sonora, proveniente
de los dominios de Luis Emeterio Torres, para quien el Distrito Norte de la
Baja California no había significado otra cosa más que una extensión de su poder, repentinamente se ve convertido en
el nuevo jefe político y militar del Distrito Norte en sustitución del difunto
Abraham Arróniz.
Disputados los egresados de esa institución castrense por las
muchachas casaderas de Sonora, la oficialidad radicada en aquella entidad había
impuesto la moda de solo casarse con jóvenes señoritas originarias de Guaymas,
del feudo de Alberto Cubillas. Celso no fue la excepción de la regla al
casarse con la guaymense Josefa Maytorena.
Con Celso
Vega, llega al Distrito Norte el neoleonés Carlos Robles Linares, de profesión
abogado, enviado a Ensenada por el Poder Judicial en sustitución del licenciado
Genaro Lamadrid, como Agente del Ministerio Público del Juzgado de Primera
Instancia. Por esos días, el Juzgado del Distrito Norte lo dirigía el juez
Manuel T. Corzo.
Para 1903 en
que Celso Vega llega a Ensenada, se encuentra con un poblado pequeño, de 1 726
habitantes, pero muy politizado, cuya clase gobernante se encontraba dividida
por la lucha del control político del municipio, de la aduana, de correos, de
la oficina Principal del Timbre, del Juzgado de Distrito y con fuertes
aspiraciones para ocupar el cargo de jefe político.
Se trataba
de dos facciones: los contrarios a los gobernantes venidos de fuera,
antagónicos al centralismo y a favor de un jefe político oriundo de la región,
posesionados de una parte del comercio y de los puestos importantes dentro de
la burocracia local; del otro lado, estaba el grupo de comerciantes
identificados con el acaudalado alemán Jorge Ibs y a los intereses surgidos
alrededor de una menguante “Compañía Inglesa”, identificados con el status quo
porfirista cuyo primer servidor era el jefe político y militar.
Los aliados naturales de Celso Vega eran el comerciante Manuel
Labastida, presidente municipal de Ensenada de 1907 a 1911; Carlos R. Ptanick,
jefe político provisional en 1912; Antonio Ptanick, munícipe de Ensenada
(1915) en tiempos del coronel Esteban Cantú, quien vendría a ejercer en el
Distrito Norte una especie de caudillaje o prolongación de los cacicazgos
político-militares de la dictadura porfirista pero ya sin don Porfirio; Alejandro
Savín con su tienda de curiosidades abriendo brecha en Tijuana al grupo
ensenadense; Alberto V. Aldrete, industrial harinero, presidente del consejo
municipal de Mexicali en 1927, y, en la década de los cuarenta, flamante
gobernador del para entonces Territorio Norte; Carlos E. Bernstein, otro
molinero que, con la ayuda de Cantú, al paso del tiempo fue en uno de los
gerentes del Hipódromo de Tijuana; Miguel González, oriundo de Altar, Sonora,
que en los años veinte llegó a ser uno de los comerciantes e industriales de
mayor relevancia en el Distrito Norte. El abarrotero González llegó a
representar los intereses financieros de Jorge Ibs, el hombre más acaudalado de
Ensenada y, obvio, del Distrito Norte.
La
contraparte estaba compuesta por gente sin duda relacionada al comercio y con
fuertes nexos dentro de la burocracia local y de la logia masónica: eran David
Zárate Zazueta, Juez del Juzgado del Distrito Norte en 1905, presidente
municipal y eventual jefe político en 1914; el comerciante Eulogio Romero,
munícipe de Ensenada de 1903 a 1906; Luis H. del Río, por esos días jefe de la
oficina de la Administración Principal del Timbre; J. Enrique Rivero,
periodista; Epigmenio Ibarra y Ramón Moyrón, cuyos vástagos volarían alto
dentro de la política local; el del primero, llegaría a ser el primer
gobernador nativo del Distrito Norte, y el del segundo, presidente municipal de
Ensenada; Pedro Victoria —camarada del gran maestre Agustín Sanginés—,
administrador de la Aduana Marítima; Juan B. Uribe, connotado abogado y súper
amigo de David Zárate; Enrique B. Cota, agente aduanal; y el comerciante don
Heraclio Ochoa Vaca que, en 1905, fuese el encargado de organizar la recepción
de los primeros colonos rusos de la secta Malakhanys.
La apertura de la Aduana de Mexicali
Al mes de su
arribo a Ensenada, Celso Vega hace los amarres pertinentes con un sector de la
incipiente clase política-empresarial y el 19 abril de 1903 impulsa la apertura
de la publicación semanal “El Progresista”, bajo la dirección de Carlos R.
Ptanick Terrazas, nieto de Luis Terrazas, acaudalado ganadero dueño de casi
todo el territorio del estado más grande del país: Chihuahua. El coronel Vega,
también, propicia la reapertura del semanario “El Fronterizo”, bajo la
dirección de Isabel Macías.
Otra de las
primeras acciones emprendida por el coronel Vega al llegar al gobierno del
distrito, fue la de organizar una expedición para encontrar un atajo que
abreviara la distancia entre Ensenada y Mexicali. Es así como, en 1904, nace el
“Atajo Vega”, que subía a la Sierra por el “Cañón Sosa o de los Muertos”
nombrado de esa manera en memoria de Antonio L. Sosa, primer presidente municipal
de Real del Castillo que había sido asesinado hacía casi treinta años en ese
paraje por una de las gavillas vinculadas a José María Villagrana, subjefe
político.
Con
propósito de controlar el ayuntamiento de Ensenada y las finanzas del distrito
como lo habían hecho Torres y Sanginés, Celso Vega promueve la remoción de la
gente con cargos importantes dentro de la aduana vinculada con la
administración sanginecista como Pedro Victoria, administrador de la Aduana
Marítima de Ensenada, y Ramón García Piña, contador principal de esa institución
que, además, hacía la veces de recaudador de rentas de la región.
Para julio 3
de 1903, Vega logra remover a García Piña que no había quedado muy bien parado
con Limantour a raíz del caso Tejeda, enviando el régimen porfirista en su
lugar a Alfredo S. Pardo.
Respecto a la llegada de Alfredo S. Pardo al Distrito Norte, en la edición de agosto 3
del año antes referido, el Periódico Oficial de la Jefatura de Política,
señala:
«Del Administrador de la Aduana Marítima de
este Puerto: participa que a partir de julio 3, Alfredo S. Pardo, se hizo cargo
de la Contaduría».
Para el 7 de
julio de 1903 —cuatro días después del arribo de Pardo a Ensenada—, por
anuencia del gobierno de Díaz, Celso Vega logra cristalizar la apertura de una
sección aduanal en Mexicali. De ahí en adelante, el jefe político Celso Vega,
emprendería una activísima participación en el desarrollo del nuevo poblado y
en los pingües negocios que habría de emprender luego en la región.
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Oficinas de la sección adunal de Mexicali |
En lo que
atañe a la apertura de la sección aduanal de Mexicali, el año de 1907, el
periódico Calexico Chronicle reseñaba lo siguiente:
«De cifras obtenidas de la Aduana fronteriza
internacional o Aduana Mexicana, como se le conoce, encontramos que sus
importaciones de los Estados Unidos por el año fiscal vigente hasta junio 30 de
1907, ascienden a 329,412 dólares, y sus exportaciones hacia los Estados Unidos
durante el mismo periodo han sido por un monto de 3,660 dólares. Esta Aduana
Mexicana fue inaugurada hace 4 años, y
ahora la oficina cuenta con 6 empleados y con varios guardias montados a
caballo en la Línea».
El 2 de
diciembre de 1903, Celso Vega logra deshacerse de Pedro Victoria, como
administrador de la Aduana Marítima de Ensenada, sustituyéndole Francisco A.
Meza, efímero aliado del jefe político. Enseguida Victoria va y se refugia en
el municipio con el alcalde Romero, que logra colocarlo como director municipal
de contribuciones.
Para el 26
de abril de 1904, Celso Vega logra elevar de categoría política la demarcación
de Mexicali, convirtiéndola en sección municipal, nombrando a Wenceslao
Cifuentes como primer juez de paz de la localidad.
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Aduana Fronteriza de Mexicali |
El 10 de
junio de 1904, Porfirio Díaz, en calidad de presidente de la República, decreta
la instauración formal de la Aduana Fronteriza de Mexicali, autorizando para su
funcionamiento una plantilla de 10 empleados cuyos sueldos mensuales eran: un
administrador de sexta clase, con sueldo 148 pesos con 20 centavos; un oficial
contador, de a 115 pesos con 20 centavos; dos escribientes, con un salario de
66 pesos cada uno; un mozo de oficios, con 22 pesos más 50 centavos al mes; un
cabo de celadores —montado—, con 82 pesos y 20 centavos; cuatro celadores
montados, ganando cada uno 73 pesos con 20 centavos mensuales.
Francisco Larrea, jefe de
la oficina de la sección aduanal de Mexicali, es nombrado como administrador de la Aduana Fronteriza de Mexicali;
Refugio Contreras, de cabo desciende a simple celador y es sustituido por
Platón Aguilar, al mando del propio Contreras, de Jesús Rivera, de Andrés
Fernández y también de Albino Rivas.
En los
primeros meses de 1904, el grupo Romero-Zárate logra incrustar a Luis H.
Del Río dentro de la Aduana Marítima, en calidad de administrador siendo
desplazados de sus puestos Francisco A. Meza y el contador Alfredo S.
Pardo.
Con la
llegada de Del Río, Celso Vega sufrió un primer descalabro de importancia al
quedar este puesto al mando de uno de los miembros del grupo contrario a sus
intereses, iniciando una relación ríspida con los de la aduana que de inmediato
trataron de hacerle a Celso Vega el caldo espeso ante Porfirio Díaz, acusándole
de intolerante y arbitrario, y de otorgar a sus más allegados jugosos puestos y
gratificantes prebendas; los mensajes acusatorios al Despacho de la Presidencia
se acrecentaron, exhibiendo las corruptelas del jefe político al proteger a las
bandas de organizadores de juegos clandestinos y del contrabando de licor.
El 23 de
mayo de 1904, en los Ángeles, California, el notario público E. B. Higgins
protocoliza la venta del terreno de Los Algodones, con una superficie de 86 502
acres (34 998 hectáreas), entre Guillermo Andrade y la Colorado River Land
Company, cerrando la dupla Harry Chandler-Gray Otis el periplo para convertirse
en amos absolutos del Valle Imperial Mexicano.
Hacia el 14
de octubre de 1904, Alberto F. Andrade, en representación de Anthony H. Heber,
se presenta ante el juez de Primera Instancia en Ensenada para protocolizar y
registrar el primer plano de Mexicali. En ese plano teórico, elaborado por la
gente de Charles R. Rockwood, reservaron sitiales de honor para Luis Emeterio Torres,
Ramón Corral y para el mismo jefe político, al bautizar a tres calles con los
nombres de estos sonorenses.
En
noviembre, Wenceslao Cifuentes renuncia a su cargo de juez de paz de la sección
municipal de Mexicali, siendo sustituido por Jesús Guluarte, al que el coronel
Celso Vega comisiona para levantar el primer censo poblacional y de vivienda de
Mexicali. La resultante del padrón general reflejado en su reporte del
día 9 del mencionado mes, confirmaba la existencia de 397 personas censadas y
de 38 lotes con edificaciones, proporcionalmente 10 personas por casa. Faltaba
construcción de vivienda.
Ingreso del ferrocarril a Mexicali
Iniciando
1905, llegaba el ferrocarril a la Estación de Mexicali, procedente de Imperial
Junction (Entronque Imperial), punto situado al noroeste de la Estación
Flowing Well. Al año siguiente, por el lado de Yuma y de Los Algodones, la
Inter-California andaba empezando los trabajos para la construcción del
ferrocarril que se conectaría con Mexicali en 1907, cruzando el Valle Imperial
Mexicano. Esta ruta empezó a operar en 1909.
El primer
antecedente sobre planes para construir un ferrocarril
en la zona de Calexico y Mexicali, se remonta a febrero de 1901 cuando los
inversionistas Anthony H. Heber y W. F. Holt fundan la “Imperial & Gulf
Railroad” con la mira de llegar por tren al Mar de Cortés recorriendo las
costas del golfo de Santa Clara, en Sonora. La idea era echar el tendido de las
vías ferroviarias desde Old Beach (Nyland) al “Distrito del Centinela” en la frontera
con México, localizado al oeste del Monumento Divisorio 221: lo más alejado
posible de los 160 acres (46 hectáreas) que Chaffey tenía en lo que iba a ser
Calexico. Un año atrás, Chaffey había desplazado a Heber del control de
la California Development Co.
Pero cuando
la Southern Pacific se hace cargo de la “Imperial & Gulf Railroad” y, en
febrero de 1902, Heber por fin pudo deshacerse de George Chaffey a cargo de las
empresas California Development (C.D.C.) e Imperial Land Co. (I.L.C.), cambia
radicalmente sus planes y, para el 17 de octubre de 1902, estaba comprando en
800 pesos a la “Sociedad de Irrigación y Terrenos de Baja California” un predio
de 187.36 hectáreas, contiguo al que otrora poseía Chaffey en Calexico, ahora
bajo su tutela gracias a que ya tenía también el control de la Imperial Land
Company. El siguiente paso fue convencer a los ejecutivos de la Southern
Pacific Railroad para que reajustasen los planes y echaran el tendido de las
vías de ferrocarril desde el Entronque Imperial hasta el poblado de
Imperial, continuando luego hacia Calexico hasta llegar a Mexicali.
Convenido
así, la Southern Pacific, a mediados de 1902, inicia los trabajos de
construcción del ramal ferroviario Imperial Junction, llegando al poblado de
Imperial, el 13 de febrero de 1903. Para mayo de 1904, fecha en que el gobierno
de México dio permiso a J. N. Naygle, representante de la Compañía de la
Shouthern Pacific Railway, para que construyera el ferrocarril
Inter-California, los rieles se colocaron a escasos dos kilómetros al norte de
Calexico. El edificio de la Estación ferroviaria de dicha población lo acabaron
de construir en octubre de ese año. Como parte de ese acontecimiento fabuloso,
el miércoles 2 de noviembre de 1904, Anthony H. Heber asociado con la Emerson
Realty Co, traen por tren desde de Los Ángeles hasta Calexico a 200 compradores
de bienes y raíces a un remate de terrenos en el interior de una gran
carpa.
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Primera gran subasta del condado de Imperial, verificada en Calexico, en 1904 |
En diciembre de ese año de 1904, mil hombres trabajaban en la
construcción de la vía ferroviaria a México hacia la Estación de Ferrocarril de
Mexicali.
Entre enero
y marzo de 1905, con el ingreso de las vías del tren a Mexicali, Francisco
Larrea, administrador de la aduana, remueve la garita fiscal, reinstalándola en la confluencia de las calles
Heffernan, de Calexico, y Melgar, de Mexicali; lugar en el que, a finales de
1904, se abrió un nuevo paso fronterizo reinstalado ahí la aduana americana.
Las oficinas
de la Aduana Fronteriza de Mexicali estaban por la calle Melgar, en una
estancia de adobe donde edificaron después el Hotel México.
Con la venta
de terrenos en Calexico y el incendio de los asentamientos alrededor de la
“Tienda de Barne” (Monumento 220), en 1904, y con la entrada del ferrocarril a
Mexicali en el año siguiente, los poblados de Calexico y Mexicali empezaron
rápidamente a desarrollarse como núcleos poblacionales. Joe Estudillo, por
citar a alguien representativo, reabre la oficina postal en la tienda de abarrotes
del doctor Heffernan, en calle Segunda y avenida Imperial. Terminó por
convertirse en gerente de esa tienda.
José Ives
Limantour, el 1 de julio de 1905, deroga la franquicia de zona libre, emitida
por Porfirio Díaz hacía veinte años (enero de 1885) con la tirada de beneficiar
a los castigados habitantes de la franja fronteriza con Estados Unidos,
dispensando el pago a las importaciones de víveres para el autoconsumo. Esto
fue devastador para la economía de los habitantes de la zona, agravada por los
estropicios causados con las inundaciones de 1905 y 1906, y la contracción
económica estadounidense de 1907 que puso en jaque a la industria de ese país.
Ese año de
1905, Antonio J. Flores, mercachifle al servicio de Anthony H. Heber, tramita
ante la presidencia municipal de Ensenada una solicitud para introducir en
Mexicali los servicios de agua por tubería y luz eléctrica. El permiso se lo
otorgaron con la condición de pagar a tesorería municipal el 5% de la
recaudación por el cobro de los servicios.
Al año siguiente, Heber estaba envuelto en llamas, ardiendo vivo, tras
incendiarse el hotel donde se hospedaba en Goldfield, Nevada. Hacia octubre de
1906, Frederick C. Paulin —presidente de la C.D.C. y apoderado de Heber—
amañadamente le vende a Antonio J. Flores los terrenos de Mexicali,
enfrascándose en una querella judicial con Alice M. Heber, viuda del difunto
Heber. Después, Paulin y Flores perderían el caso en el Juzgado de Ensenada.
Empezando
los años veinte, Alberto F. Andrade, el doctor William T. Heffernan y Carlos R.
Orci luego de haber comprado a la viuda de Heber el resto de la “Compañía de
Irrigación y Terrenos de Baja California”, vendedora de los lotes de
Mexicali, forman la “Compañía Regularizadora de Títulos de Mexicali, S. A.”, y
desde sus oficinas, de Tijuana, desarrollan una estrategia con la finalidad de
obligar a los antiguos dueños de terrenos a volver a pagar unos lotes que hacía
quince años habían adquirido. Este problema daría atisbo de solución hasta el 6
de julio de 1921, fecha en que el presidente Álvaro Obregón, decretase la
expropiación de 389 hectáreas para erigir el Fundo Legal de Mexicali. Este
decreto fue publicado en el Diario Oficial de la Federación hasta el 19 de
enero de 1922.
En agosto 3
de 1905, gracias a Celso Vega, el pueblo de Mexicali sería elevado a categoría
política de subprefectura, nombrando a Gustavo Terrazas como subprefecto y al
profesor Benjamín Pizarro como secretario de la misma. En esa ocasión, el
licenciado Mariano Rivadeneyra y Bulnes fue nombrado titular del Juzgado de
Primera Instancia de Mexicali. La subprefectura quedó instalada en una casa
pintada de amarillo cuyo propietario era Jesús Guluarte y a quien el gobierno
pagaba 33 pesos mensuales de arrendamiento. Por estar pintada de amarillo la
casa del subprefecto fue bautizada con el mote de la “Casa Amarilla”.
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La "Casa Amarilla", instalaciones de la nueva subprefectura |
En esos días
se crea también el Consejo de Administración a cargo de funcionarios de la
aduana, y se abre una oficina de correos cuyo administrador fue don Adolfo
Villaseñor; padre de los agentes aduanales Alfonso y Fernando Villaseñor,
quienes se cuentan entre los primeros mexicanos en establecer agencias
aduanales en la zona, asociados con extranjeros.
El 9 de
diciembre de 1905, Alfonso Maldonado, titular del Juzgado del Distrito Norte,
con sede en Ensenada, es nombrado por el presidente de la República, Porfirio
Díaz, como magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Territorio, con
asiento en La Paz. Como juez suplente, David Zárate Zazueta, le sucede en el
cargo aumentado sus expectativas de echar el guante a los organizadores de
juegos clandestinos, a pesar de que las denuncias interpuestas ante el jefe del
Ministerio Público, Carlos Robles Linares, jamás prosperasen puesto que era
aliado del jefe político Celso Vega.
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Carlos Robles Linares |
El coronel
Celso Vega, un gobernante déspota pero débil, al contrario de sus antecesores,
durante su permanencia en el poder nunca pudo controlar del todo al municipio
de Ensenada ni tampoco al Poder Judicial, mucho menos a las aduanas del
Distrito Norte.
Las inundaciones de 1905 y 1906
Los trabajos
de desazolve del canal Imperial, obligaron a la “California Development
Company” a desviar la corriente haciendo tajos en el flujo del Río Colorado.
Entre febrero y noviembre de 1905, hubieron fuertes inundaciones en el Valle
Imperial; en la de junio, las grandes avenidas del Río destruyeron los canales
y compuertas construidos en Mexicali por la “Compañía de Irrigación y Terrenos
de Baja California”, ocasionando daños a las casas de Doideria Celaya, Diego
Ceceña, Expectación Carrillo, Rene Grivel, Rodolfo L. Gallego, Ramón Zumaya,
Pedro Gutiérrez, Manuel García y Alejandro Savín, enclavadas en la rivera de
Río Nuevo. Para el 29 de noviembre en que vino la última inundación de ese año,
el desbordamiento del Río Colorado arrasó el dique de contención, abandonando
el agua su curso hacia el golfo de California al desviar su cauce hacia los
Valles de Imperial y Coachella y crear la Cuenca Salton sobre una antigua
hondonada de 376 millas cuadradas (974 km²) en medio del desierto. El 19 de
abril de 1906, un día después del espantoso terremoto e incendio de la ciudad
californiana de San Francisco, el Río Colorado se desbordaba peligrosamente y
al puente Rockwood, cuya tarea era desfogar el flujo de agua de la zona para
desecar el terreno y levantar una presa o un dique permanente, la corriente lo
hizo añicos, vertiendo en el Valle Imperial 1 312 millones de metros cúbicos de
agua por día. Para imaginarnos este mundo de agua, basta recordar que, conforme
al Tratado de Aguas de 1944, México recibe procedente de Estados Unidos 1 850
millones de metros cúbicos de agua, pero al año.
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Inundación de Mexicali (1906) |
Entre abril
y junio de 1906, las inundaciones desviaron el antiguo cauce fronterizo del Río
Nuevo desde la Calle 11 de Pueblo Nuevo al oeste, hasta el actual paso
fronterizo entre Calexico y Mexicali al este, quedando después un barranco en
el antiguo acceso a México del “Camino de la Herradura” que iba a Yuma, a causa
de las explosiones efectuadas por los gringos a efecto de reencauzar el Río
Colorado hacia el golfo de California.
Algo
insólito estaba sucediendo en ese Valle extendido en ambos lados de la
frontera, si bien era la muralla de sedimentos acumulados al cabo de millones
de años en el delta del Río Colorado lo que impedía que las aguas del golfo penetrasen
al desierto, devorándole por completo; por lo visto, ahora los Valles Coachella
e Imperial estaban inundándose desde adentro con el tremendo flujo del Río
Colorado corriendo por todos lados, amenazando con hacer de esta región un gran
lago.
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John D. Spreckels |
Después del
terremoto de San Francisco, el inversionista y dueño de periódicos John D.
Spreckels cierra un ciclo de su vida allí y empieza otro yéndose a vivir con su
familia a San Diego, California, para iniciar la construcción del Ferrocarril
del Este San Diego-Arizona (San Diego & Arizona Eastern Railroad): Un
proyecto de $18 millones de dólares que tenía como cometido introducir una
línea ferroviaria de San Diego a Yuma, utilizando en parte suelo mexicano con
el tendido de vías de Tijuana a Tecate; proyecto en desarrollo que fue
abandonado con la asonada magonista de 1911, en el Distrito Norte de Baja
California.
Celso Vega y el nacimiento de casinos en Mexicali
En 1906, se
abre un punto de convergencia entre Pedro Victoria y Celso Vega, suscitándose
el casorio de intereses políticos, lo que le da al primero la posibilidad de
recuperar el puesto en la Marítima de Ensenada y al jefe político de volver a
sentirse capaz de incidir en los asuntos de la aduana. Ese año Victoria
sustituye a Luis H. Del Río, desplazando de esa posición al grupo político de
David Zárate Zazueta.
En el plano
nacional, en 1906, se suscitan las huelgas obreras de Río Blanco, en Veracruz,
y la de Cananea, en Sonora, instigadas por miembros del Partido Liberal Mexicano
(PLM), sofocándolas el porfiriato con lamentable saldo trágico. Los hermanos
Ricardo y Enrique Flores Magón y sus camaradas se exilian en Canadá (Toronto y
Montreal) y enseguida pasan a San Francisco y luego a Sacramento y finalmente a
Los Ángeles, en Estados Unidos. Por los sucesos de 1906, la dictadura
porfirista ofrecía una recompensa de 20 mil dólares por la captura de los
Flores Magón. En 1907, acusados por delitos menores en Estados Unidos, los
Flores Magón y sus camaradas son condenados a 20 meses de prisión. Luego
volvieron a ser condenados otros dieciocho meses más, pretextando las
autoridades norteamericanas que habían violado también las leyes de
neutralidad. Por esa época, el alma flamígera de Ricardo Flores Magón había
abrazado, inexorablemente, su fe en el anarquismo.
Mientras
tanto en el Distrito Norte, para 1907, con la llegada de Pedro Victoria a la
Aduana Marítima de Ensenada y el arribo de Manuel Labastida a la presidencia
municipal de ese puerto, Celso Vega maniata al grupo (Romero-Zárate)
proclamante de un pacto federalista a favor de un gobierno civilista compuesto
de lugareños.
A dos años
de derogada la franquicia de zona libre, como en la época de Villagrana, la
gente en el Distrito Norte había vuelto a pagar impuestos por traer de Estados
Unidos los comestibles de uso diario, incrementándose el pago a la importación
de maquinaria y refacciones así como el de los utensilios para la agricultura y
la minería. Por consecuencia se desbordó el contrabando en la región, muy especialmente
el de licor en la frontera de Mexicali, en cuyo valle vecino el uso de bebidas
embriagantes estaba totalmente prohibido desde 1901 con la llegada de George
Chaffey al Valle Imperial. Chaffey era abstemio y puritano contumaz.
En 1907,
siendo el señor R. L. Reséndiz, administrador de la Aduana Fronteriza de
Mexicali; Pedro G. Bango, que había sustituido a Refugio H. Lizárraga en el
cargo de contador de la aduana a mediados de año, incauta un cuantioso
contrabando de licor al parecer del coronel Celso Vega o de sus protegidos.
Después de eso, sufre un atentado y abandona el puesto, huyendo a San Diego a
salto de mata. Muerto de miedo en aquella ciudad, el 21 de diciembre de 1907,
ingenuo, Bango envía al general Porfirio Díaz un S.O.S. desde los Estados
Unidos:
«Excelentísimo Señor: En el hambre de
justicia que padezco me he resuelto importunar a Ud., suplicándole perdone la
molestia que le infiero».
«Me encontraba prestando mis servicios en la
Aduana Fronteriza de Mexicali, de contador funcionario; como noté que se estaba
defraudando al Fisco en sus derechos tanto de importación como consulares, me
apresuré a ponerlo en conocimiento de mi superior, el Sr. Sub-Secretario de
Hacienda, a fin de que los referidos abusos cesaran».
«[Estos] terminaron, pero la venganza
de algunos poderosos −en materia pecuniaria
e influencias− no
se hicieron esperar, y sus iras se desataron en contra de este humilde empleado
que había cumplido con su deber».
«Estuve a punto de ser asesinado vil y
traicioneramente por tres individuos: Félix Acevedo, Joaquín Carrasco y Vicente
Sepúlveda, de Mexicali; los acusé ante el Juzgado de Paz de aquel lugar por ese
delito y el Juez y Secretario, que estaban de acuerdo con mis enemigos no
quisieron obrar contra los delincuentes».
«Habiéndose frustrado esa intentona, idearon
después vengarse, sirviéndose de la justicia y una tarde del 17 de julio de
1907 en que me presenté al Juzgado con objeto de hacer un recordatorio a la
queja que puse en contra de los que me atacaron, se me echaron encima el Juez y
el Secretario y me desarmaron, acusándome de amagos a la autoridad. Los
testigos que para ese objeto puso, declararon que no habían visto que hubiera
yo amagado al Juez: A pesar de todo, me mandaron procesado a la Ensenada».
«El Juez de Distrito de aquel lugar [David Zárate, que dejaría ese
puesto en septiembre de ese año], me
absolvió del supuesto delito que se me imputaba y el agente del ministerio
público [Carlos Robles
Linares], enemigo
particular mío, por causas ajenas a este asunto y largas de relatar, apeló el
fallo del Juez en una de la Salas del Tribunal Superior».
«Se envió dicha apelación el día 24 de
octubre del presente, y ya tiene tiempo sobrado el actual Juez de Primera
Instancia para hacerme saber la resolución [del
Tribunal Superior de Justicia del Territorio]; [el nuevo Juez] se lamentó de que no me hubieran
matado en Mexicali la vez que he referido; deseando con eso, captarse la
simpatía del coronel Vega. Porque este señor me profesa mala voluntad, porque
siempre he dicho y continúo diciendo que está sumiendo en la ruina al pueblo
que gobierna, permitiendo el juego prohibido, pues hace muchos meses que en
Ensenada los sábados y domingos, se instala “la partida” a desplumar a todo el
mundo».
«He aquí el motivo por el cual soy tan odiado
y tan injustamente perseguido. Bastante he sufrido ya en el silencio. Hoy pido
justicia, justicia a secas, al Primer Magistrado de la Nación, al hombre recto
por excelencia y no dudo que se me hará. En espera de ello quedo protestando a
Ud. Las seguridades de mi más atenta y respetuosa consideración. Rúbrica: Pedro G. Bango».
Dos meses
atrás en Ensenada había pasado un caso similar al de Bango con Domingo Mendoza,
otro empleado de la aduana que por un pelito escapó de ser asesinado después de
incautar un embarque de licor a socios del coronel Vega. Mendoza y Bango,
enfrentando asuntos de vida o muerte que exigían aplicación expedita de la
justicia, fueron mandados al carajo por el Despacho de la Presidencia. Al poco,
también despedidos. Pedro G. Bango, en Mexicali fue sustituido por Refugio H.
Lizárraga, recuperando eventualmente su puesto de contador de la aduana.
John y Ben Hodges, con
la connivencia del coronel Celso Vega, a fines de 1908, fundan la “Ben Hodges
and Company”, construyendo el primer casino para juego de apuestas en el
Distrito Norte del Territorio de la Baja California; ya para el 8 de febrero de
ese año, el
presidente Porfirio Díaz había dado su anuencia, a través de un decreto, para
el establecimiento de casas de juego de azar en el Distrito Norte, con el fin
de estimular una menguada recaudación municipal y atraer al turismo
californiano y así incentivar la economía local. Esta medida presidencial
potenció el contrabando de licor y una secuela de ilícitos en el Distrito
Norte de la Baja California, bajo el manto protector del jefe político y
militar.
En Baja
California, si de elegir entre Celso Vega y Esteban Cantú, nos preguntáramos
quién de los dos fue el precursor de la idea de convertir los poblados en el
asidero de la venta de alcohol, de los juegos prohibidos y el lenocinio, la
respuesta apuntaría a que ninguno de los dos, si se nos viene a la mente el
nombre de José María Villagrana, que en 1875 transformara a Real del Castillo
(un pueblo de enjundiosos mineros) en la catedral de la diversión consagrada al
brutal desahogo de bandidos de cien mil raleas, venidos principalmente de
Estados Unidos.
Iniciado el
Siglo XX, el redescubrimiento de este filón de oro, inacabable para las
economías de ambos lados de la frontera, provendría de la mafia norteamericana,
ligada a los ultraconservadores prohibicionistas de Estados Unidos con su
eterna hipocresía, enfrascados, en su país, en una guerra sin cuartel contra el
consumo de licor y los juegos de azar por atentatorios al pudor y a las buenas
costumbres, mientras que, del lado mexicano, bien podían ser dueños de cantinas
y casas de juego, o al menos trabajar como empleados de confianza en los
grandes salones de juego.
Si Plutarco
Elías Calles —gobernador de
Sonora en 1915— para quedar bien con los grupos arizonenses
de temperancia, decretara la llamada “Ley Seca” en su estado antes que el
congresista Andrew Volstead, en 1919, hiciera lo propio con la puesta en vigor
de la 18a. enmienda Constitucional; George Chaffey, abstemio delirante, en
Valle Imperial le llevaba tres lustros de ventaja a su más cercano competidor,
el gobernador sonorense, al prohibir estrictamente en la zona el consumo y la
producción de bebidas alcohólicas desde 1901.
Chaffey,
ligado a grupos financieros de ultraortodoxos cristianos, como John D.
Spreckels (entre otras cosas dueño de los diarios San Francisco Call, del San
Diego Union y The Tribune), con gente de su lado como Harrison Gray Otis, el
súper corrupto propietario del L. A. Times, y de W. T. Holt dueño del Imperial
Press y Calexico Chronicle, las virulentas campañas contra el uso del alcohol
no se hicieron esperar a lo largo de la línea fronteriza entre California y el
Distrito Norte. El caso es que para 1907, en Valle Imperial, la prohibición al
uso de bebidas embriagantes era rigurosa, mientras que en los dominios de Celso
Vega, el juego, la prostitución y el consumo de licor eran permitidos sin
restricción alguna. A todo eso, Esteban Cantú con la
promulgación en Estados Unidos del Acta Harrison de Narcóticos, en 1914, que
declaraba como ilegal la posesión de cualquier tipo de sustancia vinculada al
opio y la cocaína, y la
migración masiva de chinos al Distrito Norte, a partir de 1915, agregaría un
ingrediente más: el consumo de opio y sus derivados.
El maderismo y el Distrito Norte
A fines de
1908, Francisco Ignacio Madero González, un acaudalado demócrata, masón afecto
al estudio de la filosofía oriental y al credo espírita, saca a la luz pública
su libro “La Sucesión Presidencial”. El libro pronto hace furor entre una masa
clasemediera de lectores. Para mayo del año siguiente, funda en la Ciudad de
México el “Centro Antirreeleccionista”, quedando en manos del joven José
Vasconcelos, filósofo y abogado, la dirección de la publicación “El
Antirreeleccionista”, a la que se adhieren gente de la talla de Luis Cabrera,
Federico González Garza y Toribio Esquivel Obregón. En junio, el Centro publica
un manifiesto firmado por conocidos opositores al régimen porfirista, entre
otros Filomeno Mata, Paulino Martínez y Emilio Vázquez Gómez.
Madero luego
emprende su primera gira por el país, promoviendo la apertura de clubes antirreleccionistas
en Veracruz, Campeche, Yucatán, Nuevo León y Tamaulipas. A finales de 1909,
reinicia su recorrido por las ciudades de Querétaro, Guadalajara, Colima,
Mazatlán, Culiacán, Navojoa, Álamos, Hermosillo, Guaymas, Nogales; mas, sin
embargo, a ese nicho en soledad llamado Distrito Norte de la Baja California,
nunca llega. Aun así, los ensenadenses contrarios al gobierno centralista de
Díaz, coincidiendo con las propuestas civilistas de Madero, forman clubes
políticos tales como el Democrático y el Manuel Márquez de León.
Ahora, el
joven molinero Carlos E. Bernstein declaraba con oportunismo su nuevo credo
maderista, lo mismo sucedería con los otros dos Carlos: R. Ptanick y Robles
Linares. En tanto, Celso Vega echaba andar los engranajes de la maquinaria
propagandística para contrarrestar la presunta llegada de un Madero que jamás
haría acto de presencia en suelo bajacaliforniano.
En 1909, un
muchacho de nombre Abelardo Rodríguez Luján, con 20 años de edad, regresaba a
Sonora procedente de Los Ángeles, California; venía desilusionado luego de
fracasar como estudiante de canto en aquella ciudad, y, llegando al hogar, era
recomendado para trabajar como aprendiz de garrotero en la Estación de Navojoa.
En poco tiempo ascendería al puesto de inspector del ferrocarril, sin embargo
no alcanzó a desempeñar esa función al descubrirse que padecía daltonismo.
Quién iba a pensar que aquel joven, daltónico, catorce años adelante se
convertiría en gobernador del Distrito Norte, haciendo de Baja California un
feudo político no ya de la Sonora del porfiriato, sino de la de los liberales
sonorenses, ganadores de la revolución.
![]() |
Abelardo Rodríguez Luján, sentado y en medio, como parte de un equipo de béisbol. |
En Abelardo
L. Rodríguez —un muchacho
clasemediero con pretensiones de ser reconocido como parte de la clase pudiente—, eso de
anteponer la primera letra del apellido materno entre el nombre de pila y el
apellido paterno, era costumbre, principalmente, entre la llamada “gente de
caché” del Norte de este país. Así que el apellido paterno de Abelardo era
Rodríguez y el materno Luján.
A la par, en
1909, pero en Guerrero, un joven abogado de 29 años llamado José Inocente Lugo,
era uno de los primeros en afiliarse al Partido Antirreleccionista. Dos años
después, estaba coordinando las actividades revolucionarias en su estado natal.
En diciembre de 1911, Madero con tan solo un mes a cargo de la Presidencia, lo
nombra gobernador de Guerrero, puesto que desempeñó hasta 1913. En su época de
revolucionario, Lugo entraría en contacto con gente como Pino Suárez, el
general pelemecista Miguel Alemán y Adolfo de la Huerta.
Lanzada por
Venustiano Carranza, primer jefe del Ejército Constitucionalista, la
convocatoria para reformar la Constitución de 1857; de diciembre al 31 de enero
de 1917, Inocente Lugo se integra a las jornadas de trabajo de los
constituyentes e interviene en la redacción del Artículo 123. En 1920, siendo
Adolfo de la Huerta presidente provisional de México, jala a Lugo a Gobernación
y lo hace secretario de esa dependencia, siendo al poco tiempo relevado del
cargo por el ideólogo sonorense Gilberto Valenzuela, como nuevo secretario de
Gobernación. Dos años después, de nueva cuenta Lugo volvería a ser gobernador
pero ahora del Distrito Norte de la Baja California al desplazar a Epigmenio
Ibarra Jr. de dicha posición, el 1 de febrero de 1922.
Aquel joven
garrotero sonorense y este abogado revolucionario, de 1909, trece años después
sostendrían una guerra sórdida por el control del poder dentro del Distrito
Norte.
Mexicali
1910: sin contar la del estribo
Para 1910,
Mexicali, con poco más de 1600 habitantes se había transformado en el centro
poblacional con mayor número de habitantes del Valle Imperial. En cuanto a
población era un sitio equiparable a Ensenada, la capital del distrito, que
desde 1900 se encontraba viviendo una etapa de paulatino declive económico,
cuya alta burocracia y su elite empresarial había empezado a desplazarse de la
cabecera distrital hacia Mexicali o Tijuana, ya fuese ocupando puestos administrativos
o bien abriendo negocios en ambos sitios. Tijuana por esas fechas contaba
con tan solo 733 habitantes. Y en Tecate, incluyendo sus rancherías, vivían alrededor
de 800 personas.
Conforme los
reportes de Manuel Páez, subcolector de impuestos en el Mexicali de 1910, se
infiere que el juego y lenocinio eran controlados por tan solo cinco empresas:
Ben Hodges and Co., Bush and Sivertson, las dos casas de diversión de Frank
Nichols y Angelo Cugnago y la casa de asignación de Lina Lee. Las entretenedoras, todas de origen extranjero,
estaban divididas como de primera y de segunda clase, y su número ascendía a
treintaitrés: 23 de primera y 10 de segunda. Su aportación mensual al fisco
municipal del porfiriato, en conjunto, era la más cuantiosa de cuanto negocio
se encontraba en la localidad, así fuesen cantinas, casas de juego y la propia
“Colorado River Land and Cattle Co” u otros. Las entretenedoras de primera clase pagaban al fisco
treinta pesos mensuales cada una y veinte las de segunda categoría, aportando
al fisco un monto global de 890 pesos. Las chicas aportaban alrededor del 25%
de los 3 mil 589 pesos con 33 centavos, aproximados, que recibía al mes la subcolectoría
municipal.
Sus más
cercanos competidores eran la “Colorado River Land and Cattle Co.”, con 484
pesos mensuales de contribución para la hacienda municipal; le seguían las
cantinas y casas de juego pagando 389 pesos, luego estaban los matanceros
Zaragoza Contreras, Rivera y Lamadrid, Chim Sim, Luis Wong, Lem Toi, aportando
364 pesos de impuestos entre todos por el degüello de reses. Como hasta la
fecha en México, es sobre los menos favorecidos en quienes siempre recae todo
el peso de la carga tributaria.
En la región
del Valle Imperial Mexicano, en 1910, sin contar las cantinas y billares que
tenía Eugenio Olalla en la población de Los Algodones; en Mexicali, una
localidad que ni siquiera llegaba a dos mil almas, existían 30 cantinas cuyos
propietarios eran Francisco L. Montejano —futuro primer
presidente municipal de Mexicali—, Ramón Zumaya, Chin Sim, Quong Wing, Lina
Lee, Benigno Barreiro, Antonio Victoria, Loreto Ceceña, destacando en número
las cantinas propiedad de Expectación Carrillo.
Expectación
Carrillo, oriundo de Villa Unión, Sinaloa, sobre su paso por Ensenada cuenta
Faraón Sarabia Espinoza a Jorge Martínez Zepeda en una entrevista concedida, en
1978, referente a un tal Fortino Carrillo:
«Sí, tenía otros hermanos: Expectación y
Epigmenio; los tres eran comerciantes. Fortino tenía carruajes; Expectación
tenía tres tiendas y se le quemaron, dicen que las aseguraba y luego las
quemaba. Se cambió a Mexicali y anduvo de aquí para allá».
Por lo
visto, Expectación Carrillo habría salido de Ensenada hacia Mexicali, en 1901,
con el fin de ir a marear a otros con un nuevo negocio, el de las cantinas.
En febrero de
1910, Cosme A. Muñoz, tomaba las riendas de la Aduana Fronteriza de Mexicali,
haciendo a un lado a José B. Mota Velasco como administrador.
roberelenes@gmail.com
SEP—INDAUTOR
Título original:
Aduanas bajacalifornianas
Registro público:
03-2003-110615022600
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