Por Roberto Elenes
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Rodolfo Sánchez Taboada |
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Maurilio Magallón Vargas |
De entre varias generaciones de agentes aduanales
bajacalifornianos surgidos durante el porfiriato y en el transcurso de los
gobiernos de la Revolución, que lograron sobrevivir como asociados al capital
extranjero hasta la llegada de Abelardo L Rodríguez a la Presidencia, Maurilio
Magallón fue uno de los que le tocase testimoniar el fin de una época y el nacimiento
de una nueva generación de agentes aduanales, asentados en el Territorio Norte
de la Baja California.
De aquella generación de agentes aduanales operando
agencias binacionales en las áreas de Mexicali y Calexico desde 1904 hasta la crisis
económica de 1929 a 1933, como lo fueron Anthony Heber, Adolfo M. Shenk, Luis
Pérez Rúl, los hermanos Alfonso y Fernando Villaseñor, Maurilio Magallón, Woo
Kong, Arnulfo Liera, Miguel González, Ramón Armendáriz y José María Coronel,
como tales sólo el recuerdo quedaría de ellos.
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Agente aduanal José Ulloa González -en primer plano a la izquierda- presidente de la "Feria Comecial y Agrícola para el Cincuentenario de Baja California", en 1952. |
Vueltas que da
la vida
En 1935, Maurilio Magallón, siendo amigo personal del
presidente Lázaro Cárdenas, habría de jugar un rol similar al de Wulfrano Ruiz
en Tijuana dos años atrás, en la instauración ese 25 de mayo de los perímetros libres
para las ciudades de Mexicali, Tecate y San Luis, Sonora. Dos meses después, el
general Cárdenas iniciaba el desmantelamiento de la estructura financiera
montada por los gobiernos del callismo alrededor del negocio de los casinos,
clausurando —para el 20 de julio de 1935— todas las casas de juego más
importantes de México en esa época: Agua Caliente y Foreing Club de Tijuana, el
Tecolote de Mexicali, y el De la Selva de Cuernavaca, en el estado de Morelos,
y el del Hotel Playa, en Ensenada, que fue cerrado por incosteable tres años
después y vuelto a abrir en 1948 con el nombre de Hotel Riviera del Pacífico,
regenteado por el ex campeón de peso completo Jack Dempsey.
Ese año de 1935, el progresista Franklin Delano
Roosevelt —presidente de los Estados Unidos— le amarraba las manos al
liberalismo tradicional anclado en esa Nación, con el Nuevo Pacto (New Deal) norteamericano,
y, aumentando los impuestos al gran capital estadounidense, decretaba normas
para regular las actividades de las empresas de servicios financieros, creando
el Seguro Social, el Fondo de Pensiones, el Seguro de Desempleo y la Ley de
Normas Laborales Justas.
Dos años antes había decretado ya la Ley de Emergencia
Bancaria, con la que el Estado norteamericano empezó a regular las actividades
de este tipo de empresas, al tiempo que ponía en vigencia la Ley de Regulación
Agrícola, que incrementaba el desarrollo de la agricultura, estableciendo mecanismos
para aumentar los precios de los productos del campo.
La aplicación de este tipo de medidas durante los
tiempos de crisis económicas fue lo que a la postre encaminaría a los Estados
Unidos a ingresar a la etapa que se le ha dado en llamar la del “Estado de Bienestar”
que aún favorece a dicho pueblo. Roosevelt, con este tipo de resoluciones acabaría
con el papel pasivo del Estado en los asuntos de la economía y del mercado
interno de su país.
El 15 de septiembre de 1935, el presidente Lázaro
Cárdenas promulgaba el decreto por el cual se crea la sección aduanal de San Felipe,
dependiendo de la Aduana Fronteriza de Mexicali. Por esas fechas, eran
suprimidos el muelle de “La Bomba” y su sección aduanera, asimismo quedaba delimitado
el entorno jurisdiccional entre la Aduana Fronteriza de Mexicali y la sección
aduanera de Tecate.
“Vueltas que da la vida”, habría pensado González
Montero, ex administrador de la Aduana Marítima de Mazatlán en 1923 (por los
días en que Abelardo L. Rodríguez vivió en esa localidad), y de la Fronteriza de
Mexicali en 1930, cuando, el 9 de diciembre de 1936, se presenta —en calidad de
representante de la Compañía Mexicana de Aguascalientes S.A. — en la Aduana
Fronteriza de Tijuana, tratando de liberar un cargamento de licores incautado a
esa empresa, a punto de ser rematado, encontrándose con que Maurilio Magallón,
su antiguo subalterno en la Aduana de Mexicali, era ni más ni menos que el
administrador.
La antigua relación jefe-subalterno entre González
Montero y Magallón Vargas, es avizorable en la misiva que Maurilio envía al día
siguiente a Lázaro Cárdenas, presidente de la República, informándole que el ex
administrador de la Aduana Fronteriza de Mexicali había mostrado un telegrama
dirigido al Licenciado Barba González, presidente del Partido Nacional
Revolucionario (P.N.R.), para que éste intercediera en la S.H.C.P. e
interpusiese los recursos pertinentes para evitar dicho remate y así poder
entrar al rescate del cargamento en poder del administrador Magallón, quien
finalizaba su nota, diciéndole a Cárdenas:
«Como dicho González Montero manifestóme
estar nombrado Ministro de México en Checoslovaquia, extráñame que se preste a
servir de intermediario para obstruccionar procedimientos legales de esta
oficina».
Ya usted podrá imaginar la resultante de este asunto.
Los tiempos habían cambiado para la gente de Abelardo L. Rodríguez, es decir para
los callistas. Los radicales, los Rojos del Agrarismo, habían tomado las
riendas del poder y muy pronto echarían andar la Reforma Agraria en el país,
implementado una nueva forma de estructura en la tenencia de la tierra, tal y
como sucedería en el Valle de Mexicali para 1937. Con los radicales en el
Gobierno, al contrario de lo que se suponía habría de esperarse de ellos, iniciaron
en México una política de tolerancia religiosa, remarcando la neutralidad del
Estado laico en cuanto a la libertad de culto.
La expulsión de
Calles
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Plutarco Elías Calles, desterrado, de visita en el Sauzal de Rodríguez |
El 27 de enero de 1937, campesinos de la comunidad
agraria de Michoacán de Ocampo —de Mexicali—, ocupan los ranchos 2, 3 y 15 de
la Chinesca, pertenecientes a la “Colorado River”. Al mes siguiente —el 14 de
marzo—, el presidente Lázaro Cárdenas desde la Ciudad de Oaxaca, expedía un
histórico decreto estipulando los fundamentos con que se estarían rigiendo la
tramitación, los resolutivos y la ejecución del reparto agrario en el Valle de
Mexicali:
«Todo núcleo de población rural del
Territorio Norte de la Baja California, cuya existencia sea anterior al 14 de
abril de 1936, que haya solicitado o solicite dotación ejidal, tiene derecho a
que desde luego se le otorgue, de acuerdo con el artículo 27 fracción A, de la
Constitución General de la República, y con las disposiciones concernientes al
Código Agrario».
Pero también el decreto cardenista protegía a los antiguos arrendatarios
de tierras en litigio con la “Colorado River” al dejar claro este punto:
«Se respetará como pequeña propiedad en
explotación inafectable, la que no exceda de 150 hectáreas de riego o las equivalente
señaladas por la Ley, a cada propietario que presente sus título correspondientes
debidamente inscritos en el Registro Público de la Propiedad Raíz».
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Simón Macías, recibiendo el primer título como ejidatario de manos del gobernador Rodolfo Sánchez Taboada |
El 2 de junio de 1937, el Gobierno de la República —a
través de la Secretaría de Agricultura y Fomento— le daría la estocada final a
la Colorado River Land Company, informándole sobre la suspensión definitiva del
contrato de colonización del 14 de abril de un año atrás. Una semana después de
la suspensión del contrato de colonización a la Colorado River Land Company, el
10 de junio de 1937, Cárdenas decretaba la creación de la zona libre en el
Territorio de la Baja California por un plazo de 10 años, cayendo sobre su
propio peso entelequias tales como la declaración consular sobre importaciones
y los impuestos de importación aplicados a productos de consumo básico para los
habitantes de la franja fronteriza.
La imposición de la estructura de la organización
social y política del Cardenismo en el Valle de Mexicali, desde el punto de
vista económico, sería un acontecimiento de trascendental importancia para Baja
California, porque con la Reforma Agraria en el Territorio Norte se refrendó la
convicción cardenista de hacer efectiva una redistribución de la riqueza a
favor de los bajacalifornianos —riqueza acaparada toda por el capital
extranjero desde el Siglo XIX—; medida que, con el otorgamiento de la
franquicia para la instauración de la zona libre, la explotación de los
recursos comerciales experimentó una reorientación a favor del fortalecimiento
del mercado interno regional y no ya del comercio norteamericano.
El efecto de esta serie de medidas, revertiría en tan
sólo 5 años el crecimiento económico y demográfico de aquel solitario e
inhóspito Territorio Norte, pues si bien el censo poblacional de 1930 había
arrojado la cifra de 48,327 habitantes, para 1940 la población del Territorio
Norte de Baja California la constituían 78,907 personas, según el censo demográfico
de ese año. Es decir, la población se había multiplicado en casi el doble,
observando un comportamiento similar al de las dos primeras décadas del siglo
XX.
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Manuel Hernández Nin |
Maurilio: espía
de la Presidencia
Por lo visto, Maurilio Magallón entre los albores y fin
de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), al contrario de su homólogo en Mexicali,
José Bernal, combinaría las actividades de diligente administrador de la Aduana
de Tijuana con las de espía de la Presidencia de la República. En tan excitante
faceta, existen pruebas documentales sobre mensajes descifrados enviados por
Maurilio hacia Los Pinos que revelan sus andanzas como cabeza de un grupo de
agentes confidenciales, cuyos informes iban directo al despacho del presidente
Cárdenas.
Hoy rendía informe detallado sobre las conexiones de
los espías nazis con gente connotada de la zona fronteriza desde el porfiriato,
al día siguiente enviaba reportes muy reveladores sobre las organizaciones internacionales
de narcotraficantes que operaban en la zona del Pacífico desde Guatemala hasta
Baja California.
Su informe confidencial A-110 que versa sobre tráfico
de estupefacientes, resulta por demás significativo porque devela que el administrador
de la aduana tijuanense manejaba una red de espionaje que se extendía por el
noroeste del país hasta el estado de Sinaloa, poniendo sobre la mesa una
infinidad de cosas dignas de reconsideración en torno a la existencia de
narcotraficantes operando en 1940, en Baja California. Para su análisis, he
aquí el reporte de Maurilio Magallón Vargas dirigido al general
Lázaro Cárdenas, presidente de México:
«Uno de nuestros agentes ha podido obtener
la siguiente información respecto al cultivo y tráfico de marihuana en nuestro
país»:
«Que en el estado de Sinaloa
existen cuatro grandes plantíos cuya situación es la siguiente: El primero está
en un punto aislado, cerca de la frontera con Durango, y como a 5 kilómetros de
la mina conocida con el nombre de Tomelín, y al Este de la mina conocida por Guadalupe
de los Reyes».
«La última cosecha de esta
plantación produjo 580 Kg. que fue llevada en mulos para embarcarla en estación
de ferrocarril de La Cruz. El segundo plantío se encuentra más al norte, al
noroeste de la ciudad de Rosario y como a diez kilómetros del distrito minero de Polomosos; la última cosecha produjo 450
kilogramos y fue llevada en camiones de la
aldea de Polomosos hasta Mazatlán».
«El tercer plantío se encuentra un poco
arriba del campo minero ahora abandonado de Pánuco, y no lejos de un lugar denominado
Santa Lucía; una cosecha de 350 kilogramos que se llevó a Mazatlán vía
Concordia y Villa Unión. La cuarta de las plantaciones se encuentra al Este de
Culiacán, en terrenos inaccesibles a treinta kilómetros de la capital del
estado. Para llegar al lugar es menester pasar por estrechas veredas a través
de los desfiladeros. La plantación se encuentra disfrazada por caña de azúcar
sembrada, para impedir que pueda descubrirse desde el aire por los aviones que
vuelan de Mazatlán a Tayoltita. Esta plantación que es propiedad de Timoteo
Valenzuela, jefe de guardias o defensas agrarias. Se sabe que el año pasado dos
individuos que efectuaban exploraciones mineras por esa región fueron muertos a
tiros, en emboscada, y que el ingeniero minero Francisco Salas, que viajaba de
Guadalupe de los Reyes, fue muerto debido a que divulgó la existencia de los dos
campos de marihuana, encontrados por él en sus exploraciones».
«Que Mazatlán es centro de distribución de
marihuana y que existe una organización que controla todo el tráfico. Uno de
sus principales miembros es propietario de una maderería o almacén de madera, apellidado
Pérez Ramos que vive en Mazatlán. Otro es conocido por el “Mocho” Ibarra, cuya
distribución por mar está a cargo de Francisco Lupio, Agente Marítimo y Aduanal,
que era propietario del barco “Salvatierra” que, juntamente con el “Acapulco” y
el “Salina Cruz”, transportaban la marihuana a Salina Cruz para embarcarla rumbo
a Tapachula y de ahí pasarla a Guatemala».
«En Tapachula trabaja un poderoso Tong o
sociedad secreta china que, de acuerdo a autoridades guatemaltecas, contrabandea
marihuana desde ese país. La mayoría de la marihuana que se envía al sur, es
trasportada por mar a Manzanillo, Acapulco y Salina Cruz, empacada en cajas de
jabón. Dos de los más prominentes miembros de esa organización son un diputado
o senador apellidado Simancas (guatemalteco), y un agente minero de Mazatlán
llamado Rafael Salazar González».
«Que el 75% de los cigarros de marihuana
que han causado tanto furor en Estados Unidos provienen de Sinaloa y que dos firmas
manufactureras de cigarros de Mazatlán: Montero sucesores y Díaz de León, hacen
clandestinamente cigarrillos mezclados de marihuana, empleando tabaco americano
del que se importa para mezclarlo con el del país».
«En Navojoa, Sonora, existe otro centro
manufacturero de cigarrillos de marihuana, que envía su producto a los Estados
Unidos en paquetes ocultos en cajas, como si fueran jitomates y embarcados en
carros refrigeradores de la Pacific Fruit Express Refrigerators que lleva jitomates y chícharos. Las cajas se
depositan en el fondo de los carros y no despiertan sospecha en la aduana
americana».
«Se sabe que por este medio se llevó un
carro que transportaba cuatro mil quinientos paquetes embarcado en La Cruz,
Sinaloa. Todos estos carros que llevan contrabando son consignados a Phoenix,
Arizona, a los agentes contrabandistas que simulan ser agentes compradores de
legumbres. El principal es Sam Greenbaum que reexpide el contrabando a
distintas partes de los Estados Unidos».
«Otro importante eslabón de la
organización norteamericana es un judío Joe Meyer, que en combinación con
algunas casas trabajan la legumbre, en Los Ángeles, California, e introducen la
droga a esa ciudad. La firma River Brother de Los Ángeles es una de las casas
que colaboran con él».
«Que en Nogales, Arizona, hay un grupo de
griegos ricos que introducen marihuana, tanto en bruto como en cigarrillos. Uno
de ellos es propietario de uno de los mayores restoranes de esa ciudad. A falta
de nombres de ellos, se conoce el de Kris Koutelaris que trabaja en
contrabandos en Nogales, Arizona, y puede servir para localizar a los demás».
«En un punto llamado [Los] Algodones,
cerca de Mexicali, Baja California, se pasa marihuana a los Estados Unidos. La
hierba es transportada por barco a Ensenada y de allí la llevan a un punto
situado a 15 millas al sur de Mexicali, donde hay una colonia de algodoneros
chinos. Estos chinos posee maquinaria para hacer cigarrillos, que, empacados,
son entregados a algunos empleados de la Colorado Land and Cattle Co (Rancho la
100)., encargados de vigilar el canal del Colorado que lleva el agua al lado mexicano.
Estos empleados, por razón de su trabajo, pueden pasar de uno al otro lado de
la frontera sin despertar sospechas, y de este modo pueden transportar los
paquetes en sus automóviles y entregarlos a los agentes de drogas del lado americano».
Por lo dicho aquí en boca del administrador de la Aduana Fronteriza de
Tijuana, Maurilio Magallón, el primer dato que sorprende es que parte de los
denunciados era gente allegada en Mazatlán al General Abelardo L. Rodríguez.
Asimismo, queda demostrado que desde hace mucho tiempo, el poder político, en
México, —para no mencionar la palabra coludido— cuando menos ha estado
perfectamente enterado de las actividades de la industria del narcotráfico en
el país, además, a través de este informe confidencial es posible inferir que,
para 1940, el uso del opio empezó a decaer para ser sustituido en los Estados
Unidos por el furor causado por la marihuana, y que las mafias de chinos
controlando el tráfico de estupefacientes a partir de la década de los veinte
en el antiguo Distrito Norte, seguían operando su red de narcotráfico pero
desde Centroamérica, siendo reemplazados en la Costa del Pacífico mexicano por
un puñado de hombres con categoría de honorables en Sinaloa, trabajando de la
mano del hampa norteamericana, operando en California y Arizona, en colusión
con gente connotada, también, de las áreas fronterizas de Sonora y Baja
California.
Para 1940, mientras en Estados Unidos el consumo de los derivados del opio (morfina y heroína) y cocaína tendían a disminuir, en México estaban incrementándose; ya el 25 de septiembre de 1936, el general Francisco Múgica a través de una carta había hecho hincapié al presidente Lázaro Cárdenas sobre lo grave de la problemática del narcotráfico asociado a los gobiernos municipales de Mexicali, Tijuana, Ciudad Juárez y Matamoros, cuya resultante era que los peores perdedores eran los adictos, vilmente explotados por narcotraficantes, policías y jueces. Algo similar estaba sucediendo ahora en Ciudad de México.
Al mes siguiente,
Estados Unidos suspendía la exportación a México de este tipo de drogas utilizadas
para fines médicos, de cara a la industria farmacéutica europea, paralizada,
viviendo un escenario de guerra mundial. Este boicot suscitado por los
estadounidenses vendría a ser el causante de que, el 3 de julio de ese año,
volviendo a echar mano del Diario Oficial, el gobierno cardenista suspendiera
en definitiva el reciente Reglamento Federal de Toxicomanías, volviendo a ser
el crimen organizado los únicos proveedores de droga en el país.
Para 1940, mientras en Estados Unidos el consumo de los derivados del opio (morfina y heroína) y cocaína tendían a disminuir, en México estaban incrementándose; ya el 25 de septiembre de 1936, el general Francisco Múgica a través de una carta había hecho hincapié al presidente Lázaro Cárdenas sobre lo grave de la problemática del narcotráfico asociado a los gobiernos municipales de Mexicali, Tijuana, Ciudad Juárez y Matamoros, cuya resultante era que los peores perdedores eran los adictos, vilmente explotados por narcotraficantes, policías y jueces. Algo similar estaba sucediendo ahora en Ciudad de México.
Ante eso, el presidente
Cárdenas, deroga el viejo reglamento de 1931 y el 17 de febrero de 1940, a
través del Diario Oficial, expide un nuevo Reglamento
Federal de Toxicomanías del Departamento de Salubridad Pública,
legalizando el consumo de drogas bajo la premisa de que si los alcohólicos no
eran vistos como delincuentes, no había por qué criminalizar a los toxicómanos
en beneficio de traficantes y autoridades judiciales corruptas. Que un adicto era un enfermo al que había que
atender y curar. De entrada, esto significaba un duro golpe a los bajos del
crimen organizado, exportando marihuana a Estados Unidos y vendiendo en la Frontera
Norte y en la Ciudad de México: morfina,
heroína y cocaína a granel.
roberelenes@gmail.com
SEP—INDAUTOR
Título original:
Aduanas bajacalifornianas
Registro público:
03-2003-110615022600
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